El Comercio

Rock y Superhéroes

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Leiva. / P. UCHA

  • La primera gran cita del verano gijonés arranca sin miedo a las nubes y con una buena afluencia de público al recinto ferial

Metrópoli, el festival media de cultura y entretenimiento con el que arranca el verano gijonés, abrió en la tarde de ayer sus puertas desafiando a las nubes amenazantes que durante toda la jornada jugaron al escondite con un tímido sol y que no por ello hicieron desistir de su primera visita al recinto a un gran número de asistentes. A la entrada del recinto ferial Luis Adaro, mientras aguardaba a las autoridades para la inauguración oficial del evento, Marino González, uno de los responsables de su organización, se mostraba optimista ante la mejora del tiempo en las próximas horas y manifestaba que «el éxito del festival ya está asegurado desde antes de abrir y ha habido colas en las taquillas desde el primer momento». Las inclemencias meteorológicas, en cualquier caso, no parecen preocupar excesivamente a la organización: «Estamos en Asturias y nadie se asusta por cuatro gotas, así que un año más todo saldrá tan bien como esperamos», afirmaba González.

Un paseo por el recinto ferial confirmaba las previsiones optimistas de la organización. A las cinco de la tarde comenzaban las actividades de la apertura y a la hora en que se inauguraba oficialmente el festival, a las 20.30, la afluencia de público, sobre todo muy joven, era un reguero constante que iba buscando por los diversos espacios de Metrópoli sus primeros objetivos de interés o curiosidad.

De vez en cuando, un chubasco fugaz desalojaba las calles principales e invitaba a los visitantes a adentrarse en los pabellones, como si se tratase de un guía más del staff y no del enemigo indeseado de los eventos al aire libre.

Ciertamente el festival gijonés despliega una oferta de actividades y puntos de interés perfectamente compatibles con la climatología variable de este inusual comienzo de verano. Aún así, no eran escasos los visitantes que acudían al evento equipados y pertrechados como para una auténtica guerra de dimensiones galácticas, como Sergio Díaz, de Oviedo, en impecable uniforme paramilitar de camuflaje y armado con un potente subfusil de rayos láser, que hacía cola, junto a un grupo de amigos, en el espacio de Laser Tag, a punto de sumergirse en su laberinto para una batalla en toda regla contra quienes se les cruzaran por el mismo juego. A escasos metros, los componentes de Destino 48 probaban el sonido y sus instrumentos en el escenario WeGow, donde a las 21 horas ofrecerían el primer concierto del festival. Bromeaban entre ellos, sin apenas prestar atención a las cortinas de orbayu que en esos momentos rodeaban las lonas del escenario.

Idéntica despreocupación y ganas de pasárselo bien se notaban en los grupos de visitantes que hacían acopios de energía frente a los puestos de ‘foodstruckers’ o sentados en las escaleras de los pabellones, como Lucía, Patricia y Alba, aferradas cada una a un ‘hot dog’ de los que quitan el hipo y escampan cualquier nubarrón. En el interior del Palacio de Congresos, los fans de Harry Potter y su mundo saciaban su particular apetito siguiendo las huellas marcadas en el suelo de la exposición dedicada a la criatura de J.K. Rowling en el espacio Hogwarts.

Los seguidores de Star Wars y del cine fantástico en general, no menos apetentes y numerosos, tenían su propio paraíso natural en el Pabellón del Principado de Asturias con sendas muestras: Expo Wars y Expo Syfy. En la primera se muestran más de 70 piezas de una de las colecciones privadas más importantes de España en la materia, la de Fan Props, y en su compañera del piso superior se ofrece un recorrido por objetos icónicos de títulos como ‘Los Goonies’, ‘Pesadilla en Elm Street’ o ‘Yo Robot’.

Los fans de David Bowie y las guitarras Gibson, los del cómic y de Spiderman en especial, emprendían sus propios recorridos y el mercadillo se llenaba de miradas igual de curiosas. Pasadas las once de la noche salió Leiva y agradeció a su público que estuviesen allí «pese al frío» antes de prometer dar su «mejor versión». Y Metrópoli no había hecho más que empezar.

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