«Hay que acabar con la leyenda negra que pesa sobre la conquista española»

José Antonio Crespo-Francés. / E. C.
José Antonio Crespo-Francés. / E. C.

José Antonio Crespo-Francés disertará hoy en el Ateneo Jovellanos sobre los expedicionarios asturianos del siglo XVI

A. VILLACORTA GIJÓN.

El militar José Antonio Crespo-Francés y Valero (Madrid, 1957), coronel de Infantería en la reserva, presentará hoy en el Ateneo Jovellanos (19.30 horas) su libro 'Españoles olvidados de Norteamérica' en un acto que cuenta con la colaboración del Aula de Cultura de EL COMERCIO. Y lo hace avalado por un currículum que incluye extensos trabajos sobre la llegada de la cultura hispánica a los actuales territorios de los Estados Unidos de América, reivindicando la huella española al otro lado de la mar océana y la figura de «muchos héroes que no son suficientemente conocidos», como el asturiano Pedro Menéndez de Avilés, sobre el que ultima una tesis doctoral.

-Ha escrito un libro de 700 páginas...

-Y me he quedado corto, porque hay algunos personajes que me he dejado en el tintero. Uno de ellos es también asturiano: Gonzalo Méndez de Cancio, que fue quien derrotó a Drake y trajo el maíz a Europa.

-Junto al Adelantado de la Florida, otro de los asturianos presentes en su libro es el piloto Gonzalo Gayón o Bayón, natural de Pola de Lena.

-Es clave en la exploración en el Caribe y el asentamiento en la Florida porque él ya conocía toda la costa Atlántica y el Caribe, así que Pedro Menéndez se lo lleva como piloto porque se sabía de memoria el territorio y las corrientes. Para mí, es un personaje fascinante sin el cual no se hubiese alcanzado el éxito. Ambos comparten el espíritu de aventura, de ir a lo desconocido, de buscar la fama, la gloria y la riqueza. Y también el espíritu de servicio a la Corona, de servir al Rey para engrandecerlo. Además, los hombres que captó Pedro Menéndez eran, fundamentalmente, asturianos, cántabros y vizcaínos. También llevaba a muchos familiares con él. A sus sobrinos y a su hijo, que iba a ser su heredero y que desapareció en la expedición de regreso a la península. Nunca se supo si lo habían matado los indios o los piratas o si había perecido en un naufragio.

-Una conquista, dicen algunos, con grandes dosis de crueldad.

-Hay que mirarlos como lo que eran: gentes del siglo XVI. Por el Tratado de Tordesillas, América era responsabilidad de Castilla. Realmente, lo que hacían los españoles era una defensa de sus derechos frente a los franceses. Cuando naufraga Laudonnière y lo hace al sur de San Agustín, los hugonotes hacían peligrar el incipiente asentamiento español, por lo que Pedro Menéndez optó por lo más duro: acabar con la colonia enemiga a pesar de que le se ofreció una gran cantidad de dinero a cambio de liberarles. A los menores de quince años, a las mujeres y a los que se declararon católicos les perdonó la vida. Si se la hubiera perdonado a todos, no me cabe la menor duda de que él y los suyos hubiesen perecido. Además, hombres de otras nacionalidades eran exactamente iguales o incluso peores.

-¿Niega su fama de sanguinarios?

-La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, la mayor expedición humanitaria de la historia, española, mandó la vacuna por toda América y Oceanía. En cambio, en 1763, el británico Jeffrey Amherst recomendó al jefe militar entregar a los indios mantas infectadas de viruela «para acabar con esa raza execrable» y así lo hizo. Murieron más de 100.000 nativos americanos en la conocida como guerra de Pontiac y le dieron un título nobiliario en el Reino Unido. La leyenda negra que pesa sobre España ha sido asumida por demasiados españoles, pero es una deformación interesada. Hay que acabar con ella.

-Pero cada doce de octubre se suceden las acusaciones de exterminio.

-No se puede acusar a España de exterminio cuando los pueblos nativos siguieron existiendo. ¿Que hubo enfermedades por las que murieron? Por supuesto, pero se pusieron medios. Hubo hospitales, universidades... Las primeras universidades en Asia y América son españolas y los primeros periódicos los crearon aquellos primeros pobladores.

-Lo que no se discute es su influencia en aquellas tierras.

-Así es. Una de las cosas que reivindico es que tanto Pedro Menéndez como Juan de Oñate son los precursores de la guardia nacional de Estados Unidos, donde cada Estado tiene una fuerza militar a su servicio. Igualmente, los primeros textos que hablan sobre Norteamérica, su tierra y sus pobladores originarios, que no son pocos, están escritos en español, las primeras obras de teatro, los primeros registros civiles, los primeros notarios y abogados. Mientras, en España había centros donde se formaba a los misioneros para que llegaran a América con la lengua nativa correspondiente aprendida y tantas cosas más que deben ser un motivo de orgullo para ayudarnos a recuperar nuestra perspectiva de conjunto y nuestra visión de futuro.

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