Acrobacias verbales de dos talentos

Carlos Faemino y Javier Cansado, anoche sobre las tablas del Jovellanos. / DANIEL MORA
Carlos Faemino y Javier Cansado, anoche sobre las tablas del Jovellanos. / DANIEL MORA

Faemino y Cansado llenaron el Jovellanos y repiten, hoy y mañana, el humor e inteligencia de su última creación, '¡Quien tuvo retuvo!'

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Naturales de Carabanchel, vinieron al mundo en el mismo año de 1957, lo que ya debió ser una doble travesura del destino, teniendo por nombres los de Ángel Javier Pozuelo Gómez (lo de Cansado proviene de cuando pasaban la gorra y se fatigaba, según ha confesado) y Juan Carlos Arroyo Urbina (lo de Faemino está por explicar). Compartieron fantas siendo tiernas criaturas y en los 80 decidieron pasar a mayores risas haciendo dúo en el parque del Retiro. Pertenecen al escaso grupo de españoles que no se han divorciado, dúos humorísticos incluidos, aunque a veces hagan vida aparte.

Con ese bagaje, ayer volvieron al Teatro Jovellanos para presentar su más reciente creación, '¡Quien tuvo retuvo!', que podría parecer una declaración estimulante, si bien la propensión que les acosa de enmendarle la plana a las apariencias hizo que les precediera una campaña publicitaria dudosa, mediante la que hacían saber que en este nuevo espectáculo no consiguen la excelencia, repiten ideas y atacados de avaricia se han decidido por la austeridad en la producción. Ni caso, que todo eso es falsa filosofía de Kierkegaard.

Aunque fuera cierto que la escenografía son ellos mismos y sus chaquetas ante un micrófono. El resto, pura inteligencia y acrobacias verbales de dos talentos. Y, como siempre, sin que sepamos cuánto hubo de guión prescrito y cuál la proporción de improvisación en la catarata de ingenio que brindaron.

En el show, con cameo del hombre invisible, invitaron al público a saludar a un plátano

Puede que un poco hartos de que se les considere tan veteranos, su irrupción en el escenario a ritmo trepidante mostró que, en efecto, quien tuvo retuvo, bailones y gimnásticos. Lástima que el impulso hacia un doble salto mortal delatara las limitaciones de la edad de Cansado. Pelillos a la mar. La función debía continuar, que decían los clásicos. Y así nos enseñaron a viajar de Albacete a Australia, con su fauna pintoresca; descubrieron una asombrosa lámpara de Aladino de plástico, procuraron que el respetable saludara a un plátano (fruta saludable) o tuvieron de invitado al hombre invisible, quien por supuesto no compareció. Por el medio, Faemino prometió que si no le daban el Premio Nobel de la Paz pronto se liaría a hostias. Pero tampoco se han de buscar moralejas, pues el susodicho, puesto a encontrarlas sólo halló atributos que no son exactamente los morales.

De modo que aquellos chicos que durante una época brillaron en los platós de televisión, sí, es probable que partiendo desde la nada y con su solo esfuerzo hayan alcanzado las más altas cotas de miseria. Groucho los hubiera bendecido. Lo que nunca les ha abandonado es el derroche de talento que este viernes reconvirtieron en saludable risa colectiva. Mañana y el domingo repetirán a idéntica hora (20.30).

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