Adiós a un compañero

Chema Allongo
CHEMA ALLONGO

Cada periodista tiene un estilo particular. Algunos serán recordados por sus crónicas, otros por su cátedra en las aulas, por sus ácidas notas políticas o por sus escritos de viajes. Julio Puente será recordado siempre por su campechanía, su humor y por el saludo de costumbre cuando se encontraba con compañeros y amigos: «¿¡Qué hay, maestro?!».

Yo siempre le recordaré por su afecto y por la amistad que me brindó todos estos años. Hemos perdido a un periodista de talento a tiempo completo. Hemos perdido a un amigo de palabra sincera y oportuna. Me he quedado sin un gran tertuliano. Nos hemos quedado sin un periodista de primera. Julio Puente paseó oficio y cordialidad por las redacciones de los medios en los que trabajó.

Adoptaba a menudo la postura del observador externo, esa distancia que, paradójicamente, inviste lo sucedido de una mayor veracidad y proximidad. Su carácter jovial solía dejar una puerta abierta a otras interpretaciones de la realidad y su prosa rehuía las formas agresivas. Su extraordinario don de gentes, su exquisita educación, su elegante sentido del humor, su discreción y su cultura permitieron granjearse amistades en todos los campos. Querido Julio, te echaré mucho de menos.

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