Antonio Gamoneda: «Le debo mucho a Emilio Alarcos»

Antonio Gamoneda saluda a Antonio Masip mientras recibe el aplauso del público. /  PABLO LORENZANA
Antonio Gamoneda saluda a Antonio Masip mientras recibe el aplauso del público. / PABLO LORENZANA

El poeta disertó en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo sobre la figura y obra del eminente lingüista

ALBERTO PIQUERO OVIEDO.

Aunque sea redundante la explicación, la Cátedra Alarcos invitó en la tarde de ayer al autor de 'Libro del frío' o 'Arden las pérdidas', el Premio Cervantes 2006, galardonado también con uno de los Premios EL COMERCIO en su última edición, Antonio Gamoneda, precisamente para que glosara la figura de quien da nombre a esa instancia universitaria. El título de la conferencia, que introdujo el académico de la Real Academia Española Salvador Gutiérrez Ordóñez, fue 'Emilio Alarcos: poesía y filología'.

Previamente, Josefina Martínez, directora de la Cátedra Alarcos y viuda del eminente lingüista, tomó la palabra para considerar que «un mundo se acaba cuando desparecen los últimos testigos», hecho que no acontece cuando la semilla fructifica y prende en los «discípulos directos e indirectos» que cosechó Emilio Alarcos.

Aludiendo a uno de ellos, Josefina Martínez recordó que José Hierro, quien dividía a los poetas entre «buenos y excelsos», al ovetense afincado en León le estimaba entre los segundos.

Salvador Gutiérrez, otro asturiano domiciliado en León, en cuya universidad imparte docencia, hizo un recorrido por la vida de Gamoneda, partiendo de las memorias que ha escrito el poeta.

Por ejemplo, sobre la importancia de la figura paterna, antecedente en la escritura de los versos filiales, el cual falleció cuando su hijo solo contaba algunos meses de edad. Sin embargo, una de sus obras, 'Otra vida más alta', cumpliría una función en el precoz aprendizaje de su descendiente, quien pronto comprendió que aquellas palabras contenían «un cuerpo musical».

La condición sustantiva y, si se quiere, adjetiva, que Salvador Gutiérrez otorgó al escritor fue la de «poeta de la infancia a la madurez y de lo local a lo universal». Concluyendo que, a pesar de que sea un atento observador de la miseria humana, sin embargo, «lo que se encuentra en su poesía, sobre todo, es un profundo humanismo».

Confesó varias veces el aludido al comenzar su intervención cuánto era el «peso emocional» que le suponía volver a estar una vez más en su tierra. Y, de inmediato, transmitió «la gran deuda de amistad que mantenía con Emilio Alarcos: «Le debo mucho. 'Descripción de la mentira' fue escrita y publicada gracias a su impulso, cuando ya llevaba quince años sin escribir. Y esa fue una obra fundacional en mi escritura».

Por otro lado, se sumó a las apreciaciones que le han rendido diferentes colegas, como Ángel González o José Luis García Martín, quienes lo han visto a la manera de «un poeta hondo y verdadero, inscrito en la tradición clásica».

Evocó un encuentro de ambos, durante el cual Emilio Alarcos le declaró que la autodefinición que asumía era la de «fonólogo». Gamoneda estableció el puente: «Era un gran lingüista, en toda su dimensión, pero, dentro de ella, un apasionado de la fonología. Por lo que no sabría decir si fue poeta por pasión fonológica o viceversa».

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