La arquitectura como cuestión de género

Una de las exposiciones inauguradas ayer en el Colegio de Arquitectos de Oviedo. / HUGO ÁLVAREZ

Las profesionales asturianas sí advierten «cierta condescendencia» y que, en ocasiones, el cliente en la obra prefiere dirigirse al hombre Las arquitectas afirman no detectar «hoy en día» discriminación durante un debate en el Colegio de Oviedo

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

El Colegio de Arquitectos y la Universidad de Oviedo celebraron ayer en la sede del primero el Día Internacional de la Arquitectura, con una mesa redonda sobre la visibilización de las mujeres arquitectas, la exposición sobre arquitectas asturianas (1952-2017) y la presentación del libro MOMOW como resultado del último congreso europeo. Un sinfín de organismos estuvieron presentes en el debate: Politécnico de Turín, Universidad Complutense de Madrid, Instituto de Diseño de Lisboa, etcétera. Moderadas por Ana Fernández, debatieron sobre cuestiones específicas de género las profesionales Verónica Durán, Sonia Puente (decana del colegio), Laura López y Esther Roldán.

Durán se mostró tajante a la hora de hablar de una arquitectura de género bien a nivel universitario o laboral: «A nivel de carrera, no. Antes del año 81, no lo sé, hay que tener en cuenta que la mujer no podía estudiar, ni viajar, ni firmar un cheque. Mi marco es el de la igualdad. No he conocido la discriminación, aunque sí podría hablarse de matices en el campo laboral». Sonia Puente cree en la investigación: «Es un tema complejo, un tema que no se sabe. Falta mucha investigación a este respecto, la cuestión sería si hay debate de género o no en el proceso proyectual. Muchas preguntas y muy pocas respuestas. No estamos en disposición de decir sí o no». Laura López coincidió en la misma línea: «La investigación es lo crucial. No existe una arquitectura de género, pero sí la arquitectura puede reflejar diferencias de género. Nuestra sociedad no es igualitaria». Finalmente, Esther Roldán puso más dudas sobre la mesa: «No sé si la arquitectura es de género o no pero sí la manera de relacionarnos con ella. Hemos sido en tiempos pretéritos un colectivo marginado, con falta de visibilidad, la arquitectura está hecha por personas y las personas tenemos una ideología».

Ana Fernández, como historiadora, para deleite de los presentes, recordó los casos de Le Corbusier en su estudio («Esto no es una escuela de tapices») o Gropius («Aquí no hacemos macramé») a la hora de dirigirse a mujeres. Roldán quiso matizar: «En la escuela de arquitectura esto ya está obsoleto. Nuestro título es de arquitecta, en femenino. Somos ya más mujeres que hombres. Puede haber clichés sociales, pero no profesorales. En muchos estudios es un mundo muy feminizado. Los mejores expedientes, desde los 90, son de mujeres. Nunca, con mi socio he sufrido discriminación, si bien es cierto que los clientes y en la obra prefieren dirigirse al hombre». Laura López fijó el marco en lo académico: «A nivel universitario o laboral puede haber cierta, digamos, condescendencia. Catedráticos que aprobaban una mujer en junio y otra en septiembre. En urbanismo no vemos la obra, pero sí en reuniones administrativas, y más por la edad que por el género, puede haber ciertas cautelas».

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