El Comercio
El escritor Rubén Figaredo, en Gijón. :: CITOULA
El escritor Rubén Figaredo, en Gijón. :: CITOULA

«El arte está en lo que nos rodea, en lo cotidiano»

  • El asturiano, afincado en Brasil, analiza en su último libro, 'El auge de la decadencia', cómo ha evolucionado el arte en los últimos años

  • Rubén Figaredo Escritor, historiador y musicólogo

El escritor, historiador, musicólogo y colaborador de EL COMERCIO Rubén Figaredo (Gijón, 1963), acaba de publicar su último libro, 'El auge de la decadencia. Otra historia del arte', algo que él mismo define como una «caja de hilos» en donde hablar de multitud de disciplinas artísticas y su evolución histórica. En él, Figaredo retrata las posiciones de artistas, críticos y aficionados relacionados con diferentes disciplinas artísticas y expone cómo la multitud de estímulos existentes y la mercantilización del sector han condicionado un cambio en la forma de entender el arte.

'El auge de la decadencia. Otra historia del arte' es su nuevo libro, un trabajo en el que muestra el arte desde sus raíces, sus cambios e imitaciones, y hasta su actualidad.

Sí, hay sitio para todas las artes del siglo XX, con información básica de lo que se movió en esta época, con el denominador común de la necesidad y desde diferentes puntos de vista. Para dar forma a este trabajo fue fundamental la parte documental, consulté más de 200 libros. Es el momento de hacer cosas como ésta, ahora se habla mucho de política y se deja el arte para los círculos cerrados, como si fuese solamente un barniz; creo que hay que ir más allá.

Aborda diferentes disciplinas. ¿Todas son arte?

Arte no es solo lo que está en los museos, está en lo que nos rodea y en lo cotidiano, y por eso es importante. En el libro hay música, arte, performance... también capítulos sobre el arte y las minorías sexuales, el tratamiento del alcohol, la pornografía y el erotismo.

Últimamente las palabras 'arte' y 'decadencia' van siempre unidas.

Es cierto, pero yo aquí me centro en la decadencia general, no en la producida por la crisis. Trato de recuperar la pureza fuera de lo comercial, en donde ser aficionado no tiene por qué ser peyorativo; y la forma de actuar de los artistas, muchos de ellos aquejados de que todo está ya hecho. Creo que deberían buscar un momento de revelación porque pasa como cuando montas en bicicleta: mientras pedalees no te caes e irás hacia adelante. En arte, imitar no es algo malo, sí lo es venderlo como nuevo, de hecho ésta no es la primera vez que el pesimismo lleva a los artistas a creer que no tienen nada nuevo que inventar; para mí el problema de esta situación es que somos una sociedad con inflación de estímulos. El arte moderno es complejo y simple al mismo tiempo, es solo cuestión de saber mirar.

¿Inflación por exceso de oferta?

Claro. Antes ibas a un concierto y todo tenía su épica, cómo iba a sonar, qué canciones tocaría el artista... Ahora tienes acceso a todo y por eso se banaliza. Hemos perdido el orgullo del trabajo bien hecho, siempre digo que el hombre se ha convertido en Hércules, porque hace muchos trabajos sin satisfacción, con el único objetivo de ser un dios.

Entonces, en los últimos años, ¿ha habido un cambio drástico en la forma de crear y concebir el arte?

Ha cambiado la concepción de los críticos y de los artistas. Fíjate, antes se consideraba a los primeros como artistas frustados y ahora es al revés, son los artistas los que piensan más en el eco que tendrá su trabajo y en cuánta gente visitará a su exposición. Sienten verdadera presión del mercado, el sistema ha llegado a engullirlos para expulsarlos luego. Hemos llegado al extremo de que a muchos artistas se les consideran parásitos. Los políticos siguen estrategias para que seamos cada vez más burros. Claro, si cada uno de nosotros pensara, entenderíamos mejor los escándalos y nos haríamos más rebeldes, y eso no les gusta.

¿Hay algún culpable de la situación?

Si hablamos de culpables, debemos hacerlo también de víctimas. Ahora vivimos una época de victimismo aberrante. Culpamos por ejemplo al Gobierno de que no tenemos trabajo, sin pararnos a pensar que igual algo hemos hecho nosotros mal. En el Tíbet no existe la palabra 'culpable' y eso está bien.

¿Con qué mensaje quiere que se queden los lectores?

Que para avanzar hay que olvidarse de la búsqueda y practicar más el encuentro, que cuando las cosas no se buscan es cuando llegan. Quiero que las personas tengan una revelación con aspectos que no están de moda pero sirven para la vida. Para aprender hay que desaprender cosas pasadas, pero tenemos una especie de síndrome de Diógenes que nos lo impide.

A este paso, ¿qué cree que ocurrirá con el arte en el futuro?

El arte se fusionará con la vida, y eso es algo buenísimo. En el arte, como en la vida, es importante tener un pie en el pasado y otro en el futuro para tener conciencia del presente. No se debe olvidar que el arte es una ruptura del tiempo establecido.