El Comercio

Cuco Suárez revolucionará el Bellas Artes

Cuco Suárez, en su última exposición en Madrid, en 2014.
Cuco Suárez, en su última exposición en Madrid, en 2014. / IÑAKI MARTÍNEZ
  • «Políticamente arriesgado», como él mismo se describe, desplegará su proyecto tras la exposición de la Colección Telefónica

  • El artista, que se define «mejor como cronista», será el próximo invitado asturiano en el museo regional

Lleva media vida o la vida entera provocando. Él, Cuco Suárez (Pola de Laviana, 1961), dice que no. Que «por un perro que maté, mataperros me llamaron». Que por un desnudo público que hizo, le recuerdan siempre sin sombrero, aunque lo cierto es que no se lo quita. Lo lleva a todas partes. Seguramente con él irá al Museo de Bellas Artes de Asturias, donde se espera revolucione las salas y al público a principios del próximo año. Será este artista que reniega de ese título y se define «mejor como cronista» el próximo invitado asturiano de la pinacoteca regional, cuyo director, Alfonso Palacio, se ha propuesto poner altavoces a los creadores que representan el presente más audaz de las artes, abriendo una gran ventana a las nuevas generaciones. La voluntad es ir «manteniendo un equilibrio entre las manifestaciones históricas y los lenguajes vivos». Y ahora por esa ventana entrará Cuco Suárez, que ya está presente en las colecciones del museo, pero que nunca había presentado un proyecto monográfico como el que está planificando desde hace meses y que, según cuenta, «irá directamente dirigido a las emociones».

Las mentales y las físicas, porque a más de uno pondrá los pelos de punta con una instalación, que no lleva desnudos, ni provocaciones al uso, pero sí sorpresa a modo de aparición inesperada y quebranto sonoro. No quiere el creador que se adelante el contenido de esa pieza, que nació en un sueño. En un sueño donde «todos éramos botijos». Perdería «impacto», asegura. Pero sí adelanta que habrá «mucha narración del viaje que está moviendo el mundo. Este mundo repartido con escuadra y cartabón y que está llevando a gentes de un lado para otro, buscando un país en el que la vida sea vida, aunque luego es muerte». Estarán en su obra, que aún no tiene título, esas ausencias y una pregunta: «¿Dónde están esos muertos, que nunca fueron tantos en nombre de Dios, que también caen en nombre de la paz?

Cuco Suárez, al que el director del Bellas Artes coloca entre los creadores más «polifacéticos y poliédricos», llega al museo sumando nombres propios asturianos a una lista que conforman Vicente Pastor, Ramón Isidoro, Carlos Suárez, Avelino Sala y Tadanori Yamaguchi (también asturiano, pese a su nacimiento japonés). Y llegará Cuco Suárez una vez levantada la muestra de la Colección Cubista de Telefónica, que abrirá sus puertas el próximo día 30 y se mantendrá, antes de ingresar en los fondos del Museo Reina Sofía, hasta el día 8 de enero.

Será entonces cuando Suárez, que se ha movido entre el happening, la performance, el body art y la instalación, el vídeo, la pintura y la escultura, emprenda el montaje de su proyecto, que todavía no tiene fecha concreta.

Reflexión sobre el poder

Controvertido y políticamente «arriesgado», dice él, mantendrá en la exposición su acusada reflexión sobre el poder y su repercusión en la sociedad. «Lo que planteo es una metáfora, la mayor parte de mi obra lo es. Pues su contenido es onírico. Pero onírico de verdad. Me acuesto pensando las cosas que luego materializo».

Y de sus encuentros con la almohada nacerá no solo la instalación de los botijos, que requerirá la presencia de una gran grúa en el museo, sino también un vídeo, en el que explicará la manipulación de los que gobiernan el mundo y «cómo cogiendo un compás fueron repartiendo las tierras en colonias. Que nadie se olvide, por ejemplo, que Siria era seis veces mayor de lo que hoy es».

Denuncia Cuco Suárez sin parar la situación del mundo. Lo hace con su verbo y con su voz creadora. Pero anota una advertencia a navegantes: «Yo no doy soluciones. Solo cuento lo que pasa». Y así lo hará en el Museo de Bellas Artes que, dice, está «reviviendo ahora».