El Comercio

'Frío y calor'.
'Frío y calor'.

Todo un universo «poseído de color»

  • El artista asturiano Alfredo Díaz-Faes presenta su primera exposición individual en Madrid en la galería Orfila

«La pintura representa una búsqueda de la libertad. Mi obsesión por los colores y por buscar nuevas formas de expresión». En frases como esa condensa Alfredo Díaz-Faes su obra, que estos días presenta por primera vez en una exposición individual en Madrid que alberga la galería Orfila.

A los 13 años, Díaz-Faes ya era un pintor figurativo que representaba «paisajes asturianos, hórreos, calles de Oviedo y de Avilés...». Y, hoy por hoy, es un artista que domina como pocos las posibilidades de la fibra de vidrio que ha venido caracterizando su abstracción, después de descubrir en el taller experimental de Humberto, en el año 1990, su «pasión» por la pintura moderna. «Me había obsesionado con trasladar lo que tenía delante, hasta que empecé a pintar cosas interiorizadas. Es decir: los recuerdos y los sentimientos», explica.

La nueva exposición de este asturiano avalado por una reconocida trayectoria -con la que la galería Orfila inicia su nueva temporada y que podrá disfrutarse hasta el 30 de septiembre- es una buena muestra de su obra, con tres líneas principales, a decir de la profesora de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo Ana María Fernández. Se trata, por una parte, de aquellas obras que denomina «romántico-líricas», por sus efectos atmosféricos y delicada emoción estética.

Otra es la de los «rojos mágicos», parafraseando los «cuadros mágicos» de Paul Klee, cuadrículas polícromas que resultan de combinar, como las anteriores, el óleo y recortes de fibra de vidrio de colores intensos, con el carmín como protagonista. «Son cuadros con mucha fuerza», resume el propio artista.

Y, por último, los collages, que construye en exclusiva con este último material, dispuestos sobre un fondo blanco que realza su organicidad e iridiscente colorismo.

Una obra que Ana María Fernández define en el catalógo de la muestra como «sinceridad plástica poseída de color». Pintura «pausada y silenciosa», apunta Díaz-Faes, con el doble interés de la originalidad y el carácter indagador de sus pinturas.