El Comercio

Cremalleras que dibujan sonrisas

Ignacio Cornejo y Ángela Pérez, padres de Héctor, posaban ayer ante la foto de su hijo.
Ignacio Cornejo y Ángela Pérez, padres de Héctor, posaban ayer ante la foto de su hijo. / DANIEL MORA
  • La asociación Apaci inaugura en Gijón una exposición en la que niños y jóvenes con cardiopatías enseñan sus cicatrices para sensibilizar

Sonrisas como las que hace 25 años iluminaron el rostro de Ángela Pérez y su marido Ignacio Cornejo, al sentir por primera vez el corazón de su pequeño hijo Héctor, se volvieron a ver ayer en Gijón. Tres corazones repletos de amor que latían unidos hasta que uno de ellos empezó a perder intensidad cuando solo tenía dos años de vida. «Cuando sabes que tu hijo tiene una cardiopatía, se te cae el mundo encima», explicaba, 25 años después, aquel padre, emocionado en la inauguración de la exposición 'Cremalleras' -formada por 15 fotografías en las que niños y jóvenes con la misma enfermedad enseñan sus cicatrices- que estará hasta el 5 de octubre en el gijonés Antiguo Instituto. Un proyecto de sensibilización social llevado a cabo por la asociación de familiares y amigos de personas con cardiopatías congénitas (Apaci) con la colaboración del alumnado del Centro Integrado de Formación Profesional de Comunicación Imagen y Sonido de Langreo.

«Los principios son muy difíciles», relataba Ignacio. Consultas, estudios, pruebas... Se busca todo tipo de evidencia que muestre que el menor se encuentra en «perfecto estado». Pero no fue el caso de Héctor, que, con tan solo siete años, se sometió a su primera operación en Madrid. «Estuvimos doce largos días en la capital sin saber cómo enfrentarnos a ello».

Encontrarse solos es el pan de cada día para muchas familias como la suya. Pasar por los diferentes estados psicológicos «como familia, como padres, sin olvidar a los propios niños», hace necesario un acompañamiento integral. Y fue por esa razón por la que de entre las propias familias nació la necesidad de apoyarse en otros que entendiesen la situación por la que estaban pasando y por lo que, desde hace once años, la asociación Apaci -que en sus inicios contaba con 37 socios y ahora con 670-, se vuelca en la ayuda a todos ellos.

«Es más que una asociación, es una gran familia», explicaba ayer José Ramón Riera, director gerente del Servicio de Salud del Principado. Y es que la asociación ha dedicado su corta pero intensa existencia «a mejorar la calidad de vida de estos pequeños, a través de actividades lúdicas, de ocio y tiempo libre...» para su desarrollo y el bienestar y el de sus familias. Así pues, son muchos, como los padres de Héctor (uno de los protagonistas de los retratos), quienes se encuentran agradecidos y felices de compartir su experiencia con otras familias.

«Viendo los logros de Héctor, comprenden que un futuro es posible para sus hijos», cuenta Ignacio. Y es que, a sus 25 años de edad, Héctor se ha convertido en un referente para aquellos niños que padecen la misma patología. Porque, hoy por hoy, su corazón late más fuerte que nunca, ha culminado sus estudios de Ingeniería Mecánica y ahora trabaja para una empresa gijonesa de su sector, compatibilizándolo con un máster.

Héctor forma parte de 'Cremalleras', de todos esos «luchadores» que «debajo de las camisetas llevan cicatrices cuyo significado implica mucho más que sufrimiento». Fotografías que reflejan vidas plenas, que gracias a la labor de muchos y la de ellos mismos, dibujan sonrisas. Sonrisas que laten.