El Comercio

El día que conocieron a Alejandro Mieres

Antonio Gamoneda, Fernando Alba, Bernardo Sanjurjo, Alejandro Mieres, Juan Carlos Gea y Adolfo Manzano, ayer, en el Museo de Bellas Artes de Asturias.
Antonio Gamoneda, Fernando Alba, Bernardo Sanjurjo, Alejandro Mieres, Juan Carlos Gea y Adolfo Manzano, ayer, en el Museo de Bellas Artes de Asturias. / MARIO ROJAS
  • Todos los intervinientes empezaron por contar cómo había sido su primer contacto con el autor, flamante Medalla de Plata del Principado

El Museo de Bellas Artes de Asturias fue ayer escenario de un homenaje a Alejandro Mieres construido a partir de una charla sobre la vida y la obra del pintor, en la que todos los participantes comenzarón su intervención con idéntica frase: «El día que yo conocí a Alejandro...». Dejaban así a claras desde el principio cuál sería uno de los ejes vertebradores de este encuentro: la memoria.

Y en torno a ella inició Juan Carlos Gea la presentación previa, aseverando que «la memoria se opone al olvido en cada acto de creación» y destacando, sobre todo, «la resistencia y constancia de Alejandro Mieres como artista, como docente, como ciudadano e incluso como polemista, siempre comprometido públicamente».

Bernardo Sanjurjo, que se declaró admirador de Mieres «como artista y como persona», reconoció ante el artista y el centenar de personas que llenaron la segunda planta del museo que «en un ámbito como el nuestro no es fácil encontrar a alguien como Alejandro, que me recibió desde el principio como compañero y amigo incondicional», ampliando su admiración el hecho de que el autor asumiera «muy bien esa fase, cuando uno llega al arte, en la que ha de averiguar por dónde empezar, cómo evolucionar», algo que Alejandro Mieres logró «hacer muy bien y superar pronto».

No le contradijo Fernando Alba, quien lo definió como «un artista cada vez más joven, rebelde y creativo según han pasado los años». Tampoco faltó el recuerdo, en un guiño más a la memoria, a «los grupos en los que siempre teníamos una visión crítica y hacíamos un análisis social estando, como Alejandro, siempre a ras de suelo, donde surgen las cosas». Abogó Alba sin embargo «por alejarse de la memoria de vez en cuando para poder crear», pero Adolfo Manzano consideró, sin embargo, que ésta no es más que «un acto creativo respecto al pasado, pues ella misma es en sí una construcción y con la memoria construimos el pasado», señaló. Situó además la memoria «en el origen del arte» y llegando a la contradicción del ser humano porque «la vida sería insoportable si a veces no olvidamos la memoria y buscamos un grado de locura, por ejemplo».

Antonio Gamoneda, que quiso participar en esta charla organizada en honor a su amigo, protagonizó quizá los momentos más entrañables de este encuentro no solo porque, como él mismo dijo, ambos son «los más próximos en edad», sino también porque su trayectoria vital ha estado marcada «por tener una pierna a cada lado de Pajares» y por «una obra que Alejandro rescató del incendio de su estudio, restauró, me regaló... y aquel 'hermoso papel' sigue hoy colgado en mi casa», relató el poeta.

Respecto a su «memoria común», destacó Gamoneda «la Guerra Civil, más bien incivil» y la sensación de que aunque «formalmente las cosas han cambiado, y en la problemática vivencial estamos algo mejor, necesitamos más, hemos de seguir avanzando», concluyó Gamoneda ante el asentimiento unánime.