El Comercio

El Prado exhibe las inmaculadas de Arango

A la izquierda 'Inmaculada Niña', de Zurbarán, de 1656. A su lado 'Inmaculada Concepción', de Valdés Leal, de 1682. Ambas expuestas en el Pardo como parte de la donación de Plácido Arango Arias.
A la izquierda 'Inmaculada Niña', de Zurbarán, de 1656. A su lado 'Inmaculada Concepción', de Valdés Leal, de 1682. Ambas expuestas en el Pardo como parte de la donación de Plácido Arango Arias. / EFE
  • El conjunto permite comprobar la evolución de este motivo «nuclear para entender el arte español y especialmente el siglo de Oro»

  • Las telas, pintadas en el siglo XVII, fueron donadas al museo en 2015 por el empresario astur mexicano

El Museo del Prado, en cuyas salas todavía queda el eco del enorme éxito de la última exposición dedicada al Bosco, presentaba ayer una nueva mirada sobre la historia de la pintura. Esta vez, sobre las seis inmaculadas del siglo XVII que el empresario astur mexicano Plácido Arango cedió en donación al museo, de cuyo patronato fue la máxima voz. Cuatro de las telas entraron en la pinacoteca el año pasado. Se trata de dos pinturas de Zurbarán, 'Inmaculada Concepción' (1635) e 'Inmaculada la niña' (1656), otra de Mateo Cerezo, 'La Inmaculada Concepción' (1660), y una más de Valdés Leal, de 1682. Recientemente a ese conjunto se unió una pieza más, firmada por Francisco Herrera el Mozo, de pinceles fundamentales en la Sevilla de mitad del XVII. La sexta inmaculada del fondo Arango, ya colección pública, es otra obra de Zurbarán de 1630. Llegó al museo a mediados del siglo pasado, en 1956, y ahora se exhibe con su radiografía.

Los seis magníficos lienzos -que son solo parte del impresionante conjunto de 26 obras donadas por el que fuera segundo presidente de la Fundación Príncipe de Asturias- cuelgan ya en la sala 10 A del edificio de Villanueva, donde permanecerán hasta el 19 de febrero. Entre sus paredes ofrecen, como explica en el texto de la exposición Javier Portús, Jefe de Departamento de Pintura Española (hasta 1700) del museo y comisario de esta muestra, un «paseo por la evolución de las inmaculadas a lo largo de 50 años». Y con ese recorrido un enfrentamiento de estilos y maneras.

El tema de las inmaculadas que, como el propio Portús recuerda, fue «un dogma de fe en España y un asunto nuclear para entender el arte español y especialmente el siglo de Oro», permite aquí comprobar cómo su representación osciló entre dos versiones: «La que subraya la intimidad, el recogimiento y la concentración, y la que presenta fórmulas barrocas mediante composiciones dinámicas y coloristas».

Utilizadas también para expresar los sucesivos ideales de belleza femenina, así como para poner a examen los pinceles que las ejecutaban, ya que sus autores invertían todo de sí mismos en sus formas, permiten en esta muestra acercarse de un modo sutil a la evolución no solo del tema, sino del propio de Zurbarán.

Con las tres vírgenes que de su mano se exponen ahora se pueden conocer las distintas alternativas iconográficas y compositivas que se planteó al principio de su vida. «Frente a la concentración formal y la introspección emotiva de la que ingresó en el museo en 1956, la procedente de la nueva donación Arango es expansiva y destaca por el amplio vuelo de su túnica», señala Portús.

Coincidiendo con esta muestra, el Prado ha editado una publicación en la que se estudia cada una de las 26 obras que forman la impresionante donación Arango.