El Comercio

Sobre estas líneas uno de los muchos motivos florales de la exposición. A la derecha la escena taurina que Delgado tituló 'Pase de rodillas', fechada en 1994.
Sobre estas líneas uno de los muchos motivos florales de la exposición. A la derecha la escena taurina que Delgado tituló 'Pase de rodillas', fechada en 1994.

Pinturas de vida para un homenaje póstumo

  • Escenas taurinas, paisajes, floreros y sobre todo retratos de personajes de todos los tiempos se unen en recuerdo del pintor que se sentía asturiano

  • Más de sesenta obras de Álvaro Delgado pertenecientes a coleccionistas se exhiben en el Instituto Leonés de Cultura

Para muchos sus trazos fueron los últimos de la gran pintura española legada por Goya. Para todos, Álvaro Delgado, ese madrileño que se hizo asturiano a partir del verano de 1955 en que instaló sus pinceles en Navia, fue un heredero de las mejores tradiciones. Moría hace solo unos meses, cuando enero estaba empezando y él ya había cumplido 93 inviernos. Ahora, acercándose el que será su aniversario, recibe su primer homenaje póstumo. No se lo organiza Asturias, a la que pintó, retrató y cuyos verdes le cautivaron hasta el punto de hacer a esta tierra heredera de sus pinceles, con una importante donación al Museo de Bellas Artes. Tampoco Madrid, donde nació en junio de 1922. Donde vivió sus últimas décadas. Es León la ciudad que acoge este primer tributo.

Hasta el próximo seis de noviembre, el Instituto Leonés de Cultura (ILC) muestra un recorrido trascendental por su obra y todos sus lenguajes, del pictórico al gráfico. Más de sesenta pinturas, que recuperan también sus aficiones, desde las escenas de toros y arena, a los paisajes, pájaros y flores esencialmente expresionistas, pero sobre todo y por encima de todo muestran sus retratos de personalidades de todos los tiempos y de todos los ámbitos. Delgado retrató a todo aquel que admiraba. También a quien se lo pedía. En esta exposición mantienen su gesto en las paredes varios poetas. Federico García Lorca, Dámaso Alonso o Rafael Alberti y, además, se recupera la carpeta completa de 'Los Encuentros', que reúne la pluma de Vicente Aleixandre con el pintor. También están, por ejemplo, la reina Sofía y el Cardenal Nino Guevara. En todos ellos se advierte, como dice Adolfo Ares, director del Instituto Leonés de Cultura, que el pintor madrileño asturiano «tenía una caligrafía y un pulso espectaculares».

Delgado -que expuso en todo el mundo, y ocupa lugar en fondos institucionales, como el mencionado de Asturias, pero también otros, como el del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, y los de Arte Contemporáneo de Argentina, de Florencia o Arte Moderno de San Francisco y Nueva York- se acerca a la mirada en esta muestra desde la perspectiva de los coleccionistas privados. A ellos se debe la reunión de pinturas «que no ha sido fácil de conseguir», según los responsables del ILC. Estos cuadros, los 64 expuestos, son patrimonio de particulares. Todos de Castilla y León. Todos fascinados por la capacidad del pintor de «poner de relieve el alma de aquellos a quienes pintaba».

Pintor y académico

Vocal del Patronato del Museo del Prado, Álvaro Delgado era académico de la Real de Bellas Artes, pero también de la Academia Europea de Ciencias, Artes y Letras, en la que entró a propuesta de Federico Sopeña Ibáñez. Desde su condición de Académico de Bellas Artes de San Fernando estuvo al frente de la Calcografía Nacional, impulsando la adscripción de personalidades del arte contemporáneo, como la de Tàpies o Chillida. En 1990 fue elegido, además, Académico Correspondiente por Madrid de la de Real Academia de Bellas Artes de Granada.

Sus singulares pinceladas destacan en otra academia, la RAE, la Real Española. También en el Congreso de los Diputados, a cuyas colecciones llegó ya en posesión del gran premio de la Bienal de Alejandría, título que obtuvo en 1955 por la obra 'Bodegón'. Al lograrlo llegó a competir y ganar a genios de la talla de Derain, Marc Chagall, y Raoul Dufy, entre otros.

Discípulo de Daniel Vázquez Díaz en la Escuela de Bellas Artes de Madrid y, después, de Benjamín Palencia, Álvaro Delgado fue miembro de la segunda Escuela de Vallecas. Su obra es fruto de un interés por el hombre y el medio donde desarrolla su vida. Una vida que en su caso tuvo mucho de Asturias y del amor que sentía por esta tierra.