El Comercio

Fresno contempla los ciclos de la vida en su bosque del Bellas Artes

Una de las hojas de 'Hacia la ausencia'. Al fondo la serie de dibujos en la que la naturaleza va desapareciendo.
Una de las hojas de 'Hacia la ausencia'. Al fondo la serie de dibujos en la que la naturaleza va desapareciendo. / MARIO ROJAS
  • El creador hace un viaje poético por la naturaleza, de la génesis a la muerte, en el séptimo «proyecto de gabinete», de un artista asturiano en el museo

Francisco Fresno lleva toda la vida deshaciendo para rehacer, observando y plasmando los puntos que se van de la materia, dejándola cada instante más ligera, más delicada, más frágil. Lo ha hecho con el hierro, sobre tela, en el ordenador y hasta con las tizas de niño que pintaba el suelo de la casa. Ahora contempla ese deshacer, que no es otra cosa que la naturaleza misma, yendo del principio al fin, de la génesis a la muerte, en la ductilidad de la porcelana. Del ejercicio le ha salido un bosque de otoño. Un «proyecto de gabinete», como lo define su comisario, Alfonso Palacio, director del Museo de Bellas Artes de Asturias, donde desde ayer se puede atravesar su mapa. Es, recuerda Palacio, el séptimo de un asturiano que ocupa la casa de Velarde. Le precedieron en esta aventura que pone la mirada en el arte propio, Ramón Isidoro, Tadanori Yamaguchi, Eugenio López, Avelino Sala, Vicente Pastor y Carlos Suárez. Todos acudieron a la cita, que ahora protagoniza Fresno, con el mismo espíritu de creación íntima, que desde ayer inunda el patio columnado y la sala contigua de exposiciones temporales.

En el primero, el bosque, con 16 pilastras, como 16 árboles geométricos enraizados a la piedra del museo, que son, dice Fresno, «como un eco interior de las propias columnas». Coronadas todas con hierba, reciben la luz cenital del palacio de día y la de los focos, de noche. «Una luz», advierte el creador, «que recogen las hojas de porcelana» depositadas sobre su verde. De ahí, el título. 'Hacía la luz'.

Completa esta instalación delicada y sutil, una secuencia fotográfica del ciclo de la vida de una hoja. Captado por la mujer de Fresno, Karmen Sáenz Elorrieta, se titulan 'Tempus' y parece salir con toda su certeza de la pared. Desde la primera fresca y verde, a la última quebrada, seca y sin rastro de color.

Dentro de la sala, esperan otras hojas, pero la misma reflexión. Esta vez 'Hacia la ausencia'. De un lado, seis naturalezas dibujadas en grafito sobre papel. La primera pletórica de vida, la última desaparecida. Sus puntos de savia se han ido de la mano del pintor, escultor, grabador y ahora también ceramista. Al otro lado de la sala, iluminada tenuemente, como intentando que nada perturbe su discurso, otras seis hojas. Estas de porcelana. Cada una encerrada en una urna, proyectando una delicada sombra en un papel de Bután. La primera con todo su ser, sus terminaciones nerviosas, sus curvas, su cuerpo entero. Las siguientes cada vez más desgastadas, más moribundas. Hasta la última que, una vez más, desaparece. Es la ausencia, el final.

Todo el conjunto, las instalaciones del patio y de la sala, las fotografías y los dibujos, integran un proyecto que es, como dice el propio Fresno, «una metáfora de la vida». El pulido de la porcelana, de las hojas, lleva a la pérdida, cada vez más evidente, pero también a un nuevo comienzo. «Toda despedida», reflexiona, «es un camino hacia algo distinto».

La exposición, 'Hacia la luz. Hasta la ausencia' está vertebrada, como toda la obra de Francisco Fresno, «en su poética de creador entorno a la naturaleza, a los ciclos de la vida, a la temporalidad, al carácter eterno o efímero de las cosas». Así lo recordaba el director de la pinacoteca, que como su nuevo invitado, no olvidó mencionar la figura del maestro ceramista Manuel Cimavilla, que ha sido el compañero de camino y el apoyo técnico de Fresno en esta aventura de porcelana.