El Comercio

Carnavalada bajo el 'Encuentro'

Carnavalada bajo el 'Encuentro'

  • Los trazos ocultos pertenecen a una obra documentada en libros y archivos fotográficos, lo que ha permitido realizar un estudio en profundidad

  • Hallan una destacada pintura de Evaristo Valle subyacente bajo otra firmada en 1930

Cuentan que no era Valle amigo de pintar sobre pintura. Sí corregía y modificaba sus trazos, personajes y escenas. Lo hacía, además, «incansable y asiduamente», como advierte Francisco Zapico, crítico de arte y uno de sus mayores conocedores, quien asegura que esa costumbre correctora, esos ejercicios de ajuste destinados a la búsqueda de «la perfección expresiva y la agudeza poética», pasaban, «por lo general», por la práctica «de leves retoques» o el añadido «de unos pocos y mínimos detalles. Pero no siempre fue así. El propio Zapico, miembro del patronato del museo que lleva el nombre del pintor gijonés, acaba de advertir que una de sus obras más notables, 'Encuentro', pintado en 1930, está ejecutada sobre una obra anterior.

Se trata de una «espléndida», en sus palabras, 'Carnavalada' situada en el barrio de Cimadevilla, igualmente trascendente en la trayectoria de Evaristo Valle, que ha podido ser estudiada, pese a permanecer subyacente, porque estar muy documentada. Hay información de ella en publicaciones de época, libros posteriores e, incluso, en el archivo gráfico del museo, en forma de fotografía en blanco y negro, realizada antes de que los pinceles volvieran a su tela para crear una nueva escena.

'Encuentro' se puede contemplar estos días en el museo de su autor, dentro del proyecto expositivo que con el título genérico de 'La Obra de Paso' viene realizando la pinacoteca «con el objeto de estudiar, documentar y mostrar al público obras del pintor poco conocidas».

Idéntico perfil superior

Muchas son las que llegan al equipamiento de Somió procedentes de colecciones particulares y que son analizadas por los expertos. Pocas las que ofrecen sorpresas tan extraordinarias como esta. 'Encuentro', que ha podido ser estudiado en toda su profundidad, gracias a los muchos conocimientos que se tienen sobre Valle y también al material documental conservado, muestra un repinte profundo, pero se puede decir que parcial. El creador mantuvo de la pintura primera, como apunta el experto, «una porción del celaje, algo del perfil de la crestería montañosa y casi todo el caserío del pueblo, incluyendo la destacada pregnancia de la torre de la iglesia. Todo ello es fácil de observar ahora, con la fotografía en blanco y negro de la obra primigenia y la pintura superpuesta. Como son fáciles de ver los cambios. Valle suma «una sutil y nueva definición atmosférica, que contribuye a crear ese misterio de humedad y luz que lo envuelven todo». Y ese todo define otra historia. La que tiene la pintura definitiva. La segunda que goza el lienzo y que llegó a convertirse para Lafuente Ferrari, primer biógrafo de Valle, en una de las obras esenciales. Zapico la enmarca en una serie «consagrada a buscarle figura al amor y a otras soledades». Son pinturas que responden a una pauta poética y escénica, que «empezó como un juego lírico». Se les denomina 'idilios', un tema al que el gijonés dedicó el final de su vida.