El Comercio

Colita.
Colita. / DANIEL MORA

«El humor es algo necesario y tan importante que resulta revolucionario»

  • «Rechazar el Premio Nacional me llevó exactamente un minuto. No quería recibir nada de aquel ministro al que detestaba (Wert)»

Ante su cámara han pasado desde Orson Welles a García Márquez y mil nombres sobresalientes más, La Espert, Dalí, Germaine Lefebvre. Pero Isabel Steva, Colita, para la historia de la fotografía, si tiene que recordar a alguien recuerda, siempre, a la mujer, como motivo, como concepto, como lucha y hermandad. Por eso ahora, en Gijón, en la galería Aurora Vigil-Escalera, lo que muestra son mujeres. Una selección realizada por Francesc Polop que habla con un toque de surrealismo y otro de neorrealidad de belleza, elegancia y vanguardias. Nacida en la Barcelona de 1940, fue estudiante en la Sorbona y guerrera en todos los frentes. En 2014 demostró que lo seguía siendo al rechazar el Premio Nacional de Fotografía.

¿Le costó mucho decir no a un premio tan importante?

Me llevó exactamente un minuto. No quería recibir nada de aquel ministro que detestaba. José Ignacio Wert representaba todo lo que yo rechazaba. Lo consideré hasta una ofensa.

Ya no lleva la cámara al hombro.

Me retiré. Cuando me di cuenta de que mi cuerpo ya no podía subirse a un árbol, dije, llegó el momento. No me parecía que había pasado tanto tiempo, pero mi cuerpo sí se dio cuenta. Tengo ya 76 años.

¿Pero se puede uno retirar de la fotografía?

Eso nunca, pero sí del mercado. Ya no espero encargos ni los quiero.

Pero lleva una cámara en el bolso seguro.

Sí, una pequeñita. Pero solo hago fotos para mí. Bueno si hay una buena causa, me implico. Acabo de hacer un calendario para una ONG.

¿Hace fotos con el móvil?

Sí, pocas, pero confieso que hago.

¿Llegó a acostumbrase a la era digital?

Soy de otra época. No me queda más remedio que practicar con la cámara digital, pero yo soy analógica. Me gusta controlar la imagen, no que la imagen me controle a mí.

¿Se acuerda de su primera fotografía? ¿Cuándo se dio cuenta de que era su vida?

Tenía 12 años y mi padre, en lugar de muñecas, me regalaba máquinas de escribir, una guitarra... Ese año me dio una cámara y me pareció el mejor de los juguetes. Ya no paré.

Dicen de sus fotos que están cargadas de sensibilidad, sin sensiblería. ¿Y usted, qué dice?

Que eso es verdad, sumado a un montón de humor. El humor es algo necesario y tan importante, que resulta revolucionario.