El Comercio

«Tenemos que convertirnos en piratas»

Marc Garrett, junto a un fragmento de una obra de Fernando Gutiérrez en el hall de Laboral Centro de Arte.
Marc Garrett, junto a un fragmento de una obra de Fernando Gutiérrez en el hall de Laboral Centro de Arte. / DAMIÁN ARIENZA
  • «Las redes sociales nos están haciendo tontos. Facebook es como el McDonald's de la red»

  • Marc Garrett Comisario de la exposición 'Los Monstruos de la Máquina'

Es artista, escritor, pedagogo, músico, comisario. Pero Marc Garrett (1964) se define, fundamentalmente, como «un activista» que, en esta ocasión, está al mando de 'Los Monstruos de la Máquina', el nuevo proyecto que Laboral Centro de Arte ha organizado con motivo del bicentenario del 'Frankenstein' de Mary Shelley. Una veintena de artistas de prestigio internacional (doce mujeres) profundizan en los monstruos actuales a través de la exposición que se inaugura mañana (19.30 horas). Frankesteins que surgen de los laboratorios de bioingeniería, de la industria bélica, de los videojuegos o de los efectos del cambio climático. Dibujos murales, fotografías, instalaciones o videojuegos integran la muestra, que se prolongará durante seis meses, que se completa con un ambicioso programa de talleres, mesas redondas y actividades didácticas y que hace hincapié en el papel de la mujer en el arte, la ciencia y la tecnología. De hecho, antes del acto inaugural, Garrett participará en la mesa redonda 'El arte y la ciencia desde la perspectiva de género' (18 horas).

Nació en un barrio obrero a veinte kilómetros de Londres. ¿Eso imprime carácter?

Claro. Y, de hecho, todavía no es común ver un comisario de arte de la clase trabajadora.

También se define como «un hacker».

Por supuesto. A finales de los ochenta, empezamos a crear radios y teles piratas para que se escuchase la voz de la ciudadanía y, a partir de ahí, formamos el colectivo Furtherfield, que lleva veinte años funcionando. Lo que queríamos era ofrecer una alternativa a lo que había en el mundo del arte. Hablar sobre cuestiones que les interesaran a los artistas en su propio lenguaje. No solo hablar en términos de dinero y de mercado. También somos muy activos en el trabajo en red. Utilizamos tecnologías de código abierto o, si no, las 'hackeamos'. Banksy, Portishead... Todos ellos forman parte de la cultura 'hacker', que tiene una parte positiva y creativa. Así que tenemos que convertirnos en piratas.

Denos una buena razón.

Debemos reclamar que la cultura es nuestra. En los países nórdicos, por ejemplo, hay incluso un partido pirata. Pero un buen ejemplo sería lo que le ocurrió a uno de los artistas que intervienen en esta muestra, Salvatore Iaconesi, un italiano que presenta su obra 'La Cura' y al que le diagnosticaron un tumor cerebral que le dijeron que era incurable. Entonces decidió pedir una segunda opinión, pero era imposible porque no podía acceder a sus datos médicos. Hacía falta un software que no tenía. Así que lo que hizo fue 'hackear' esos datos y los colgó en la red con una pregunta: «¿Quién puede ayudarme a curarme?». De esa manera se generó todo un movimiento y, a día de hoy, está curado. Es un buen ejemplo de por qué hay que hacerse 'hacker'.

Volviendo a Shelley, ¿quiénes son los monstruos contemporáneos?

Nosotros. Solo hay que ver los devastadores efectos del cambio climático. Aunque, en esta exposición, lo que queremos es proponer una mirada contemporánea al personaje creado por Shelley, una de las figuras más relevantes a la hora de enfrentar al ser humano con los avances científicos y tecnológicos. Si ella viviera, estoy seguro de que fliparía con cosas como los drones o las cámaras de vigilancia. Alucinaría tanto con las aplicaciones tecnológicas positivas como con las negativas.

Y, fruto de esta interacción, se presenta, por ejemplo, 'El Jardín de las delicias' hecho con 'emojis'.

Sí. Es una obra de Carla Gannis en el que se conjugan, como ocurre con las tecnologías, cosas muy oscuras con otras muy positivas. Y, con ese punto de vista lúdico, la artista quiere mostrar que las cosas no son necesariamente blancas o negras.

También hay otra obra que explora lo que ocurre en la frontera entre Estados Unidos y México.

Así es. De la española Joana Moll.

¿Cómo se explica que la generación tecnológicamente más avanzada de la historia vote a Trump?

Porque, además de controlar numerosos canales televisivos y ser multimillonario, las clases trabajadoras de Estados Unidos y Reino Unido han pasado por un proceso de 'des-educación'. Hasta el punto de que votan que sí a Trump y al 'Brexit'. No así Escocia, que tiene un sistema educativo mejor porque, entre otras cosas, es fundamentalmente público, mientras que en Inglaterra la educación es concertada, lo cual es desastroso: su objetivo es criar deportistas y militares como se crían vacas.

Y hay quien reflexiona sobre cómo las redes sociales son herramientas de soledad y no de comunión.

Las redes nos están haciendo tontos y Facebook es como el McDonald's de la red. Antes de él, internet era mucho más interesante. De hecho, hay gente que solo visita redes sociales, generando así un cuerpo de datos, una versión virtual de cada uno de nosotros que es la que les interesa a las empresas y los gobiernos. Se crea una identidad doble: la real y la de la red, que no tiene nada que ver con lo que somos y sí con las apariencias.

¿Que hace un hombre como usted al frente de un proyecto feminista?

Frente a cosas que vemos (como que muchas mujeres blancas votasen al machista Trump en un acto de sumisión a la figura patriarcal), esta muestra es feminista porque la mayoría de los puntos de vista son de mujeres y los hombres que participan comparten sus mismos valores. Mientras que la clase trabajadora ha perdido la batalla por hacerse escuchar (al menos, en EE UU y Reino Unido) , aún hay esperanza con las mujeres. Es el tiempo del feminismo.