El Comercio

El tiempo de los monstruos tecnológicos llega a Laboral

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De izquierda a derecha y de arriba abajo, la artista taiwanesa Shu Lea Cheang junto a su instalación 'UKI viral love'; Marc Garrett, Vicente Domínguez, Karin Ohlenschläger y Lucía García, durante la presentación de la muestra, y un espectador frente a 'El jardín de las delicias' reelaborado con 'emojis' que firma por Carla Gannis. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA

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«¿Quién es hoy el monstruo?». Esa es una de las grandes preguntas que subyacen en la exposición que ayer inauguró Laboral, un ambicioso proyecto rodeado de actividades que se prolongará seis meses y que, comisariado por Marc Garrett, retoma el temor de la sociedad hacia los avances científicos y tecnológicos que Mary Shelley supo retratar magistralmente, con tan solo 19 años, en su novela 'Frankenstein', que celebra su bicentenario.

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De responderla se encargan en 'Los Monstruos de la Máquina' «una veintena de artistas, primeras figuras del ámbito internacional y también asturianas», explicó Karin Ohlenschläger, directora de actividades del Centro de Arte y Creación Industrial gijonés. Creadores de los que «la mayor parte son mujeres, así que la muestra tiene un marcado carácter feminista», precisó Garrett, quien hizo recuento de posibles candidatos a convertirse en esos temibles monstruos del siglo XXI: «Drones, biohacking, técnicas de videovigilancia, cambio climático, postcolonialismo, neoliberalismo...».

Se trata de reflexionar, en suma, «sobre los retos que plantea el avance científico y tecnológico para el ser humano». Porque, en palabras del viceconsejero Vicente Domínguez, que parafraseó a McLuhan, «somos primitivos de una era desconocida».

Así que, dando la bienvenida al espectador, se encuentran un ejército biónico disfuncional firmado por Fernando Gutiérrez y el trabajo de la artista taiwanesa Shu Lea Cheang, que presenta «un futuro distópico en el que las personas se han convertido en ciborgs que necesitan de la informática para sobrevivir». Una pieza interactiva en la que el visitante podrá interactuar con desechos tecnológicos como teclados inservibles para combinar 77 sonidos diferentes.

Y si la instalación de Cheang «muestra un futuro en el que la tecnología ha tomado el mando», a su lado, Mary Flanagan expone 'Help me Know the Truth', otra pieza de arte participativo en la que el visitante se podrá hacer una foto digital en un pequeño fotomatón para, después, elegir entre dos retratos que han sido ligeramente alterados y decidir cuál de los dos responde mejor a los estereotipos: qué persona es la más miedosa, la más complaciente, la más valiente, la superior. Una obra que, en opinión de Marc Garrett, «mete el dedo en la llaga sobre cómo empresas y gobiernos están utilizando nuestros datos para etiquetarnos».

Un poco más allá, Joana Moll y Cédric Parizot se adentran con 'The Virtual Watchers' en una plataforma on-line conectada a una red de cámaras y sensores colocados en puntos estratégicos de la frontera entre EE UU y México que hasta hace bien poco permitía a sus usuarios convertirse desde sus casas en «delatores de esas personas que cruzaban en busca de una vida mejor» si detectaban cualquier actividad anómala.

O, en la misma línea, la propuesta de la polaca Karolina Sobecka, 'Medusa FPS', «un videojuego que permite disparar a gente normal, no a personajes ni a avatares», y que «pone el acento en la mentalidad de esos estadounidenses a los que parece que les gustaría pegar tiros en cualquier frontera», invitando también a reflexionar sobre los sistemas robóticos armamentísticos. Cultivos de miembros humanos, patentes de ADN, extinción deespecies y recursos, nubes tóxicas y virtuales... Toda una invitación a asomarse a los precipicios que nos rodean, esos en los que «el monstruo somos nosotros mismos».