El Comercio
María Cristina Masaveu Peterson, en una imagen de juventud.
María Cristina Masaveu Peterson, en una imagen de juventud. / ARCHIVO FUNDACIÓN CRISTINA MASAVEU

Cristina Masaveu, un legado y una ausencia

  • En el tiempo transcurrido, la institución que dejó en herencia ha impulsado y publicado investigaciones, otorgado 180 becas y creado su propia colección

  • La memoria de la filántropa sigue vigente diez años después de su muerte gracias a su fundación

Llegó a tener la fortuna personal más voluminosa de Asturias y una de las más relevantes de todo el país. También una de las colecciones de arte más reputada, valiosa y envidiada. María Cristina Masaveu Peterson, cuyo décimo aniversario de muerte (fallecía en noviembre de 2006) dejó atrás este 2017 recién estrenado, era discreta hasta el extremo. Nacida en Santander, en 1938, fue, según quienes la conocieron de cerca, una mujer moderna «de espíritu liberal», muy culta y sensible, a la que no le gustaban los actos sociales, ni los focos. Nunca se casó y no tuvo tampoco hijos. En realidad, se mantuvo alejada de todo, hasta que a la muerte de su hermano Pedro Masaveu Peterson, en 1993, se convierte en la principal accionista del mayor emporio empresarial y financiero del Principado, el Grupo Masaveu. Tenía ya 55 años y nunca se había acercado a la actividad empresarial, pero aquel 1993 decide regresar a Asturias, instalándose en el bello palacio de Hevia, en Siero, donde pasó media vida su padre Pedro Masaveu y Masaveu, y, tras dejar el testigo de la presidencia del del Grupo a su primo, Elías Masaveu, se convierte en vicepresidenta. Pero, al margen de las finanzas, María Cristina decide convertirse en una filántropa.

Su primer gesto es compartir el patrimonio artístico heredado. Una gigantesca colección que puede contar la historia universal de la pintura y que decide poner en parte en manos públicas. Lo hace en pago por dación, para solventar el millonario impuesto de sucesiones que debe abonar a la muerte de su hermano. El valioso conjunto, de más de 400 pinturas, entre las que destacan algunas obras maestras, hoy integradas en el Museo de Bellas Artes de Asturias, es el que se conoce como la Colección Pedro Masaveu del Principado. Para su disfrute privado se queda con las obras más personales, aquellas que atesoró no su hermano sino su padre. Una colección de mucho mayor calado, ya que creció al amparo del asesoramiento del eminente historiador Lafuente Ferrari. Algunas de las principales se distribuyen por las paredes del palacio de Hevia. Otras, en las sedes del emporio en Madrid y en Asturias.

Pero a la heredera no le parece suficiente contemplar la vida desde la fortuna de ser una Masaveu y en mayo de 2006, el mismo año de su muerte, pero siete meses antes de asomarse a ella con 68 años, decide aportar cerca de 130 millones de su patrimonio personal (en acciones de Tudela Veguín) a una causa, una institución que vele por el arte, la cultura y la ciencia. Nace así la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, que ya ha cumplido, como la ausencia de su creadora, diez años. Dedicada a fomentar actividades relacionadas con todos los lenguajes de la creación, así como la investigación científica y la formación de jóvenes talentos, ha otorgado en el tiempo que le separan de su fundación y de su fundadora 180 becas. En su legado están hoy publicaciones esenciales como la biografía y obra del músico Ramón Garay u otras sobre artistas imprescindibles como Joaquín Rubio Camín o Javier del Río, cuya herencia está ahora reunida en catálogos razonados gracias al esfuerzo de la institución.

En la actualidad gestiona la Colección Masaveu, pero además ha creado su propio fondo de arte centrado en la expresión contemporánea y en las nuevas generaciones. También respalda desde su programa de mecenazgo una fototeca con series dedicadas por su encargo a Asturias. Hasta el momento la integran imágenes de los Premios Nacionales de Fotografía Alberto García-Alix, José Manuel Ballester, Ouka Leele y Joan Fontcuberta, a lo que se unirá otro creador coronado con el mismo título, Chema Madoz.

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