El Comercio

Vicios y mediocridades intemporales

Morfeo Teatro, sobre las tablas del Teatro Jovellanos.
Morfeo Teatro, sobre las tablas del Teatro Jovellanos. / FOTOS: PALOMA UCHA
  • Morfeo Teatro unió en el Jovellanos a Cervantes y Picasso con 'El retablo de las maravillas', que gozó del aplauso del público

En torno al entremés que Miguel de Cervantes tituló 'El retablo de las maravillas', Morfeo Teatro puso ayer en la escena del Jovellanos la adaptación que de la misma ha realizado Francisco Negro, quien también la dirige e interpreta a uno de los comediantes en liza, incluyendo entre los personajes al propio Príncipe de los Ingenios, el cual asiste un tanto estupefacto a las peripecias de los seres nacidos de su creación. Tomó el cuerpo de Joan Llaneras, el actor que ya en 2002 obtuvo el Premio Ercilla encarnando a Don Quijote.

Alrededor de ese eje, Francisco Negro ha urdido la dramatización acudiendo también a otras inspiraciones cervantinas, procedentes de 'La elección de los alcaldes de Daganzo' , 'El juez de los divorcios', 'El coloquio de los perros', 'Pedro de Urdemalas' y su obra universal, 'Don Quijote de la Mancha'. Además, ha sumado textos que tuvieron origen en los aforismos, cartas y versos, del inmortal alcalaíno.

La función acabó mostrando, en clave de humor ácido, satírico y crítico, los vicios y mediocridades de una España intemporal, cuyo reflejo se advirtió tanto en las líneas barrocas del vestuario como en la escenografía cubista que puso como telón de fondo el cuadro de Picasso, el 'Guernica', desprovisto de sus figuras y acogiendo las vicisitudes de la trama teatral.

Ayer y hoy, prolongando características de nuestras malas costumbres, de la hipocresía a la envidia y la vanidad, deteniéndose particularmente en la estulticia de aquellos que detentan el gobierno público. Pues los protagonistas bufonescos de la trama, «el famoso representante Chanfalla» y su «compañera Chirinos», conociendo bien el percal, alientan a gobernador, alcalde y concejal a contemplar en el retablo las maravillas inexistentes, so pena de que quien no las viera fuera tildado de bastardos, judío o hi de puta, abreviando la filialidad. Así que dan por buena la presencia de un fiero toro, camadas de ratones o del mismísimo Sansón, para ufanarse de buenos cristianos.

La obra se desdobla en una primera parte más jocosa que se estructura mediante el entremés, dejando para la segunda las consideraciones más serias, llegando a un monólogo final en el que Cervantes explica sus razones. Un Juan Llaneras impecable. Francisco Negro y Mayte Bona incorporan a las figuras principales, Chanfalla y Chirinos, con gracia de arlequines. Muy bien secundados por la comicidad de Felipe Santiago, una hilarante Mamen Godoy -pueblerina con ínfulas, que los pecados habitan en las alturas y en las bajuras- y Adolfo Pastor y Santiago Nogués.

Risas y azufre que Cervantes tejió hace 400 años y que continúan en nuestra orilla. 500 espectadores lo disfrutaron y lo aplaudieron.

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