El Comercio

La Junta saca brillo e historia a sus pinturas

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Bernardo Díaz González y Josefina Velasco conversan a la vera del 'Lagar' de Moré, ya en el nuevo bastidor. / PABLO LORENZANA

  • Concluida la restauración del 'Lagar' de Moré, Bernardo Díaz recupera una tela singular de Piñole

  • Un informe del estado de su colección de arte define la necesidad de encarar un trabajo de conservación, pero de momento solo se pueden reparar algunas obras

Casi toda la colección necesita sacar del fondo de sus lienzos y mármoles el brillo que les fue dado. Pero la Junta General no tiene presupuesto para mirar con vista de examen las obras que durante muchos años, en tiempos mejores, fue atesorando. Se sabe, por un informe exhaustivo, cuáles son las obligaciones, cuáles los defectos. Pero, de momento, solo se puede contemplar la restauración de algunas piezas que estén o muy deterioradas, tanto que no aguanten la espera que impone la crisis, o que su lavado de cara sea solo eso, una limpieza poco importante en tiempo, forma y coste. En ambos casos están las dos pinturas que ya han pasado por la mesa gigante del Salón Europa, donde el restaurador Bernardo Díaz González lleva semanas improvisando un taller, casi un sanatorio de arte. La primera, el 'Lagar' de Mariano Moré, y la segunda, 'La plaza de Europa' de Piñole, que reproduce la estampa que todos los días observaba el pintor desde su ventana de Gijón. Una por muy dañada, la otra, por necesitar una pequeña intervención que, pese a su escasa trascendencia, ha supuesto un cambio más que notable en su aspecto. En esta misma página se muestra la diferencia del antes y el ahora en pleno proceso de lustración.

No fue tan fácil recuperar la pieza de Moré que ya luce de nuevo sobre el bastidor. La tela que ingresó en la colección del parlamento en 1950 y que el gijonés llenó de manzanas, campesinas y lagareros, tiene un nuevo esqueleto, como tiene una nueva luz, que, en realidad, es la que marcó el brillo de sus orígenes. Las grapas están clavadas ahora, casi setenta años después de ser pintada su escena costumbrista, a otro esqueleto de madera. «El original dañó el lino», advierte el restaurador. Tenía Moré la costumbre de ampliar el bastidor con listones de manera de tal manera que la tela acababa estirada al límite y «eso con el tiempo fue quebrándola». Por tanto Díaz González no solo ha recuperado colores perdidos y rasguños inevitables, sino también el armazón completo de la obra, que cuelga habitualmente en el Salón Argüelles sus más de tres metros de ancho por algo más de dos de alto. Brilla cerca de otra pieza de tamaño monumental y también de inspiración regionalista, las 'Aldeanas de terracina', de José Ramón Zaragoza, que, pese a tener tantos años sobre sus colores como la de Moré, «se encuentra en perfecto estado». Así lo advierte Josefina Velasco, la responsable del fondo de arte de la Junta, que se admira ante sus intensos colores, igual que ante la belleza del marco con pan de oro, que igualmente está muy bien conservado. El del 'Lagar' ha ido directamente a la basura, de lo deteriorado que estaba y se está construyendo una nuevo. Mientras llega espera apoyado en una de las paredes del que fue palaciego salón de recepciones. Una estancia custodiada por dos de las piezas de la corona, dos bustos cincelados por José Gragera y Herboso (1818-1897), correspondientes a Jovellanos y José Francisco Uría y Riego. Las dos de mármol, una, la de Úría, con un agujero que pudiera ser de bala, se llevaron meses atrás todos los elogios de la responsable de la colección de escultura del Museo del Prado, Leticia Azcue, que las conoció durante su exposición en el Bellas Artes.

Ambas están llenas de historia, pero no hay mucha documentación sobre su llegada a la Junta. Todo lo contrario ocurre con el cuadro recién restaurado de Moré', que, a diferencia de otras obras, ingresa por decisión del entonces presidente Paulino Vigón Corte, que responde con su compra a una petición del propio pintor. Existe una carta, fechada en mayo de 1950, en la que el gijonés ruega, tras hacer acopio de currículo, que, «ya que nunca solicitó beca alguna, ni pensión, ni ayuda, ruega», relata Josefina Velasco, «que se compre su pintura». Pero no lo pide para saldar su economía, sino para aportar recursos a un viaje a La Habana, donde le esperaba una exposición.

Piñole, por cierto, su compañero también en la sala Argüelles y estos días en la Europa, en el improvisado taller de restauración, sí solicitó beca y sí se le concedió. «En su caso para ir a Roma», apunta Bernardo Díaz González, mientras trata de devolver a 'La plaza de Europa' una anotación desprendida del bastidor en la que se anuncia su participación en dos exposiciones, una en Madrid del Ministerio de Educación y otra en Oviedo, en el Parque Infantil. También en las maderas de esa vista gijonesa se añade información sobre una restauración anterior, en 1973, realizada por José Antonio Menéndez Morán. «Hoy no añadimos nuestra firma», dice el restaurador, «pero personalmente agradezco esa información, porque es muy valiosa para nosotros».

Cada pintura, cada escultura, incluso cada alfombra, las vidrieras (realizadas por la Casa Mauméjean en 1909), y hasta los relojes, firmados por Ismael y Roberto Miyar, tienen una bella historia tras sus brillos o su polvo. Todas están guardadas en los archivos. En cartas, documentos de compra o de cesión, como las dos piezas de José Gragera y Herboso, que un día fueron del Prado. Están en los bajos del palacio, en la biblioteca y, por supuesto, en la mente de Josefina, su elocuente y apasionada custodia. Para ella todo son tesoros. Todas las piezas de la colección son joyas, pero si tuviera que elegir se quedaría con el 'Paisaje con jinete', de Evaristo Valle, que luce en el despacho del presidente, y que nadie sabe por qué, tiene una salud de hierro. Sobre todo si se le compara con el 'Pueblo en fiesta'. También de Valle y en tal mal estado, que ni siquiera se va a intentar restaurar. «Está totalmente repintado, no sabemos bien, por qué y por quién». 'Pueblo en fiesta' comparte paredes habitualmente con 'La plaza de Europa, de Piñole. Estos días ha estado solo, mientras se restauraba la pequeña pieza de don Nicanor.

Otra de las predilecciones de la responsable del fondo de arte es la marina de Adolfo Guiard, un pintor vasco que fue amigo de Darío de Regoyos y que ha despertado el interés de cuantos expertos han recorrido las salas del palacio parlamentario. Una figura femenina del escultor César Montaña y el grupo alegórico que corona la fachada exterior, de Víctor Hevia, son otras de las obras de enorme valor, como un paisaje de Telesforo Fernández Cuevas. La pieza más antigua de todo el conjunto es el 'Devoto santuario de María Santísima de Covadonga', de Jerónimo Antonio Gil, y entre las contemporáneas, destaca una serie de tauromaquias de Barjola, una obra de Úrculo, y otras de Miguel Galano, Reyes Díaz, Alejandro Mieres, María Jesús Rodríguez, Chechu Álava, Mojardín, Victorero, Granell y Mabel Álvarez Lavandera. Las últimas ingresaron en la Junta a través del Premio de Pintura que también se llevó por delante la crisis y que no está previsto recuperar. Sí, poco a poco, la belleza original de todo el conjunto y con ella su memoria.

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