Viaje por la obra viva de Rodolfo Pico

La visita guiada por la exposición de Rodolfo Pico.
La visita guiada por la exposición de Rodolfo Pico. / JOAQUÍN PAÑEDA
  • Una visita guiada a la exposición 'Una geografía sonriente' en el Evaristo Valle recorre las claves estéticas del fallecido pintor

El destino de los creadores auténticos sigue su andadura más allá del fin de su ciclo vital. Semanas después de su fallecimiento, la pintura del valdesano Rodolfo Pico (1955-2017) continúa deslumbrando a quien la contempla en la exposición que el propio artista inauguraba en enero en la Fundación Museo Evaristo Valle. Ayer una visita guiada por estos cuadros sirvió para recordar que la vida fluye saludable en la obra del malogrado pintor.

La ruta por esta 'Geografía sonriente' -como la tituló su autor- llevó a los expedicionarios de la visita a recorrer algunos de los pasajes claves en la poética de Pico: del albor de las vanguardias con el guiño al gato negro que pintó en 1896 Théophile Steinlen para Le Chat Noir, el cabaret parisino frecuentado por el compositor Érik Satie, a la isla perdida de la infancia y sus pajaritas de papel, pasando por los viajes a la Cuba mitificada en la que se crió su padre: palmeras, estrellas y un faro que alumbra en la noche su aviso para navegantes.

En el recorrido guiado por esta exposición -abierta hasta el próximo 2 de abril- hubo también espacio para recordar algunas de las referencias estéticas de Rodolfo Pico: de Magritte a Xavier Valls (padre del actual primer ministro francés) y un momento especial al detenerse ante 'El cromonauta', el viajero de los colores, en el que El Principito de Saint Exupéry navega en un barco de papel, usando un pincel como remo. Todo un autorretrato del artista fallecido.