El Comercio

Érase una vez Alicia Varela

Alicia Varela, en plena explicación de una de sus obras.
Alicia Varela, en plena explicación de una de sus obras. / DANIEL MORA
  • La ilustradora guió una visita a través de su exposición 'Líneas recorridas'

El gallo Tenor tenía un problema. Su canto se había vuelto triste y aburrido y sus vecinos ya no podrían soportarlo más, tanto que el pobre Tenor tuvo que abandonar su pueblo. Probó suerte al Norte, al Sur, al Este y al Oeste, siempre guiado por consejos de unos y otros. Y nada. Pero un día decidió tomar sus propias decisiones, caminar por donde quería y entonces, cuando encontró su paso, la voz volvió y él pudo regresar al lugar de donde había partido. Eso sí, con un mundo entero de experiencias a cuestas. Alicia Varela abrió ayer con este cuento la visita guiada a su exposición. Lo hizo delante de sus dibujos del gallo Tenor, el protagonista de 'El mejor de los caminos', editado por Edelvives con textos de Margarita Mazo. Y la historia sirvió como la mejor de las metáforas para recorrer, dibujo a dibujo, la carrera como ilustradora de esta gijonesa licenciada en Bellas Artes, que ha publicado libros con editoriales como SM y la mexicana Castillo y también con pequeños y cuidados proyectos asturianos como La Fabriquina e Impronta.

La pequeña 'Pulgarina' y su búsqueda de perspectiva y el originalísimo 'El arenque rojo', un libro sin textos firmado con Gonzalo Moure en el que el lector es quien se ocupa de buscar las historias en un parque que siempre es el mismo y distinto, fueron otras las paradas de la visita ofrecida dentro del programa 'Los Días del Libro' del Aula de Cultura de EL COMERCIO. También se paró Alicia ante sus ilustraciones para este periódico, donde cada domingo acompaña el diario de José Luis García Martín y donde enseña su arte desde 2008, y comentó con especial detenimiento la dedicada a Quino con motivo de su Premio Príncipe de Asturias.

Un público infantil y adulto, en el que no faltó su antiguo profesor, el pintor Carlos Roces, siguió atento sus explicaciones y, sobre todo, sus trazos, esos que siempre encuentran la poesía, hasta en los lugares más insospechados.

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