El Comercio

La Asturias imaginada por Chema Madoz

Chama Madoz, ante el vídeo que convierte el Campoamor en una cascada.
Chama Madoz, ante el vídeo que convierte el Campoamor en una cascada. / FOTOS: ALEX PIÑA
  • El Museo de Bellas Artes inaugura la exposición 'El viajero inmóvil', que podrá visitarse hasta el 3 de septiembre

Una visión hipnótica del escenario del ovetense Teatro Campoamor convertido en una cascada da la bienvenida al visitante a la exposición de Chema Madoz inaugurada ayer en el Museo de Bellas Artes. Una puerta de entrada onírica a la Asturias soñada por el que fuera Premio Nacional de Fotografía en 2000, que inauguró 'El viajero inmóvil', con nuevas y sorprendentes imágenes de este artista, uno de los más singulares y sorprendentes del panorama fotográfico español.

Madoz protagoniza con esta muestra, compuesta por el vídeo del Campoamor y 34 fotos, la quinta edición de 'Miradas de Asturias', una iniciativa de largo recorrido de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson para promover la creación de un fondo de obra inédita inspirada en la región, sus tradiciones y sus gentes, a partir de la visión íntima y personal de prestigiosos fotógrafos invitados como sus predecesores: Alberto García-Alix, José Manuel Ballester, Ouka Leele y Joan Fontcuberta.

Y, en la Asturias de Madoz, en la que estuvo trabajando más de un año y que podrá disfrutarse hasta el próximo 3 de septiembre, «hay una presencia muy fuerte de todo lo relacionado con la naturaleza salvaje, los árboles, el bosque, el mar, la lluvia o la playa, pero también de lo industrial, los incendios o los problemas de transporte. Todo eso, con un cierto toque de humor y de poesía», explicaba ayer el propio artista a pie de obra.

El madrileño construye sus fotos a partir de la manipulación de las imágenes y los objetos cotidianos para descubrir nuevos aspectos de sus capacidades simbólicas. Así que, para realizar esta exposición, «ha tenido que hacer el trayecto inverso al usual en su trabajo. Esta vez no son los objetos y sus significantes libres los que tienen la palabra, sino que es la propia idea de Asturias la que se convierte en el objeto a observar y definir», explicaba el comisario, Borja Casani.

Y si Madoz aplaudía el montaje de las obras («tan cuadrado y tan bien iluminado que parece que el museo ha sido construido para albergarlas»), el secretario del Patronato de la Fundación María Cristina Masaveu, Álvaro Sánchez, alababa la obra de «un artista que hace poesía con la fotografía, además de crear un lenguaje muy personal, y cuya visión de nuestra región es intemporal, poética, con imágenes muy impactantes».

Todo eso lo ha hecho el fotógrafo sin moverse, convirtiendo el espacio geográfico que es Asturias, sus costumbres y sus habitantes, en una abstracción. Un trayecto inmóvil, pues se trata de viajar por la imaginación para descubrir los elementos conceptuales que conforman la idea de una Asturias de la mente y que ahora Madoz espera que «coincida con la que tienen los asturianos y que no la vean como un desvarío», bromeaba.

Una obra próxima a la poesía visual, la pintura y la escultura en la que los objetos descontextualizados se trascienden a sí mismos y enseñan algo que se oculta a una mirada ordinaria. Metáforas y juegos visuales que sorprenden y provocan al espectador, ya que, tras su apariencia habitual, revelan una singularidad que nos remite a una asociación inesperada.

Y, así, por ejemplo, el viceconsejero de Cultura del Principado, Vicente Domínguez, en una improvisada visita guiada, destacaba dos: unas zapatillas convertidas en el túnel del Negrón como metáfora de estar en casa y unas piezas de encaje transformadas en la espuma de las olas sobre la arena. Su preferida.

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