Alba: «El artista tiene que habitar en lo desconocido»

Jovino Martínez Sierra y Fernando Alba, en la Facultad de Filosofía y Letras. /  ALEX PIÑA
Jovino Martínez Sierra y Fernando Alba, en la Facultad de Filosofía y Letras. / ALEX PIÑA

«Que los que gobiernan Oviedo se pareciesen a Gabino sería una gran tragedia», advierte el escultor, pendiente del traslado de una de sus obras a Llamaquique

A. VILLACORTA OVIEDO.

Fernando Alba (La Folguerosa, Salas, 1944) es genio y figura. Tanto, que ayer logró encandilar a los asistentes a 'Los Jueves de Historia del Arte', el ciclo de conferencias organizado por el grado en Historia del Arte y la Facultad de Filosofía y Letras, casi todos estudiantes ante los que desgranó su particular visión del arte y de la vida de la mano del arquitecto Jovino Martínez Sierra, amigo y autor de una tesis sobre el escultor. Y si algo quedó claro durante la charla fue que «la condición del artista tiene que habitar en lo desconocido», un terreno en el que Alba se siente cómodo, porque es «en los márgenes y en el misterio donde surgen la libertad y la transgresión».

Así que el autor de las muy gijonesas 'Sombras de Luz' o de las puertas de madera de cedro del comercio ovetense Las Novedades -hoy retiradas- animó a «explorar los abismos para sentir su fascinación, porque, una vez que te asomas, no puedes prescindir de su vértigo». A que «la obra no sea excesivamente virtuosa en cuanto a la forma, sino que sea virtuosa y desconcertante en la idea». Consciente de que «nunca el hombre va tan lejos como cuando no sabe a dónde va».

«Vamos a ser libres y a fracasar una vez más. Porque, sino, qué aburrimiento, ¿no?», instó a los presentes quien se reconoció fascinado por el carácter milagroso y accidental del arte y que en su estudio se rodea de un caos ordenado en el que no faltan los nidos que se va encontrando, piedras de playa o «latas estrapalladas».

«En este mundo en el que tenemos que trabajar para subsistir, algo terrorífico, ahí habito yo, con los poetas y la gente que piensa. Los demás son el enemigo», concluyó el artista, pendiente de que llegue la luz verde del Ayuntamiento de Oviedo para que la obra que instaló en 1988 en Ventanielles se reinstale en Llamaquique. O no: «Que los que gobiernan ahora se pareciesen a Gabino sería una gran tragedia».

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