El arte de lo cotidiano

El público observa los positivos en blanco y negro en las paredes del CCAI. /  DAMIÁN ARIENZA
El público observa los positivos en blanco y negro en las paredes del CCAI. / DAMIÁN ARIENZA

La exposición fotográfica de Valentín Vega en el Antiguo Instituto revela el día a día de la Asturias de la posguerra con humanidad y empatía

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Pescaderas en sus puestos, lecheras de reparto, peluqueras en plena faena, mineros, curas, guardias civiles, militares, músicos de orquesta, niños, adolescentes, ancianos, fiestas, entierros, comuniones, parejas felices cortejando, tómbolas de feria, un banquete de boda, un picnic en el prao, la estación de tren y sus historias... La vida, en definitiva, retrató Valentín Vega (Luanco, 1912-El Entrego, 1997) y casi sin darse cuenta con su cámara compuso una colección de instantes de la España de la postguerra si no inédita, sí al menos muy poco vista. No abundan las fotografías de la vida cotidiana de los años cuarenta y Vega hizo precisamente de captar esa realidad todo un arte. Convertido en fotógrafo ambulante que a diario viajaba de Gijón a la cuenca del Nalón hasta instalarse en San Martín del Rey Aurelio, disparó con una inmensa enpatía y humanidad sobre el día a día de todas aquellas personas que trataron de ponerle a los malos tiempos la buena cara de sus sonrisas, de sus ganas de vivir.

'La vida por delante, 1941-51', la exposición que ayer abrió sus puertas en el Centro de Cultura Antiguo Instituto para quedarse hasta el 11 de febrero, muestra más de tres centenares de imágenes (en las paredes y en audiovisuales) absolutamente reveladoras de toda una época y también de la capacidad artística de Vega, que nunca le dio importancia a su trabajo.

El Museo del Pueblo de Asturias rescató a su fallecimiento, hace ya 20 años, de una carbonera en El Entrego 2.500 rollos de negativos de 35 milímetros que poco a poco, a medida que se digitalizaban y documentaban, han ido revelándose como una material absolutamente imprescindible. Y eso que estuvo a punto de quedarse olvidado para siempre en esa carbonera. «Si no hubiera existido el Museo del Pueblo de Asturias, esos negativos se hubieran perdido», afirmó Juaco López, director del equipamiento cultural gijonés, para reivindicar así su papel clave como conservadores y difusores de la memoria de todos.

La exposición que ayer abrió sus puertas, y que viajará después en versión reducida por museos etnográficos y casas de cultura de toda Asturias, es la primera de las organizadas para conmemorar el 50 aniversario del Pueblo de Asturias. Presentada en el Museo de Antropología de Madrid en 2016, donde recibió más de 26.000 visitas, llega a Gijón ampliada.

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