«La donación Arango consolida la personalidad del Bellas Artes»

Javier Portús estará hoy en Oviedo. /  ABC
Javier Portús estará hoy en Oviedo. / ABC

Ofrece esta tarde una conferencia en Oviedo dedicada a seis obras del siglo XVII que forman parte de la exposición Javier Portús Jefe de Departamento de Pintura Española hasta 1700 del Prado

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Javier Portús (Madrid, 1961), jefe del Departamento de Pintura Española del Museo del Prado (hasta 1700), visita hoy Oviedo para disertar sobre la donación de Plácido Arango en el Museo de Bellas Artes de Asturias (19 horas). «Voy a hablar de seis obras de las que forman parte de la donación, seis obras realizadas entre 1640 y 1675 por otros tantos pintores del barroco español», anuncia.

-¿Cómo valora la donación?

-Es una donación muy importante, por no solo el número de obras y por el espectro cronológico y temático que cubren, sino también por la calidad. Proceden de un coleccionista que no se ha guiado por un criterio acumulativo, como es bastante frecuente, sino por cuestiones de gusto y de conocimiento histórico-artístico. Son obras que llegan de una colección muy selectiva desde el punto de vista de la calidad, la belleza y el estado de conservación.

«Arango es un coleccionista guiado por el gusto y no por un criterio acumulativo»«El Prado es una de las realidades más brillantes y milagrosas de nuestra historia»

-¿Cómo es Plácido Arango como coleccionista?

-Un coleccionista con amplios conocimientos, que se centra en el arte español. Ha tenido trato frecuente con importantes historiadores del arte que le ha servido para crear su propio criterio como guía para ir formando su colección, que en último término obedece a cuestiones de gusto personal, un gusto que le ha llevado a ser exigente con lo que compraba y eso se nota muy bien en la donación.

-¿En qué lugar queda el Bellas Artes con esta donación?

-Odio los ranking y las clasificaciones. En mi opinión, la donación refuerza la vocación del museo de traspasar las fronteras asturianas y convertirse en uno de los puntos de referencia para el conocimiento de la historia de la pintura y en general del arte español. Refuerza especialmente la pintura de la Edad Moderna, del renacimiento y fundamentalmente del barroco. Consolida esa personalidad ya clara y distinta que ha alcanzado el Museo de Bellas Artes de Asturias.

-¿Faltan más mecenas y faltan leyes de mecenazgo?

-La generosidad y el mecenazgo nunca son suficientes y, de hecho, las posibilidades de que los museos españoles den un paso hacia adelante pasa por un compromiso de la sociedad para con sus instituciones, no solo de la sociedad organizada políticamente a través de los órganos que rigen los destinos de la cultura, sino también organizada privadamente. En ese sentido, cualquier estímulo, como es cualquier posible ley de mecenazgo, acaba siendo un dinamizador importante.

-Si usted tuviera posibilidad de hacer esa ley, ¿cómo sería?

-Esa pregunta es de respuesta imposible para mí; la puedo responder solo desde una perspectiva falsa. Cualquier aportación económica privada destinada a cuestiones culturales se traduce en un enriquecimiento para la sociedad, pero, junto a esto, existe una perspectiva fiscal muy importante que es un tema que me desborda completamente. Una ley como esta se resuelve con una dialéctica entre partes con intereses diferentes; yo estaría escorado hacia una de ellas, pero existen otras con mucho más peso político. Esa es una de las razones por las que la ley no acaba de salir.

-¿Qué papel han de cumplir las asociaciones de amigos de los museos?

-Allí donde se han creado asociaciones de amigos de los museos se han revelado como una fuerza bastante dinamizadora en varios sentidos. La principal actividad del museo no es crecer, es jugar un papel activo dentro de la sociedad, en el sentido de que sirva para poner de intermediario a la sociedad con su patrimonio, consigo misma, su memoria y su historia; eso es más importante que ir adquiriendo obras. Las sociedades de amigos, en la medida que sirven para hacer más vivos a los museos y propiciar vías de acercamiento, son instituciones necesarias y siempre muy beneficiosas.

-El Prado trabaja en la celebración de su bicentenario y usted participa en el catálogo razonado de Velázquez.

-Es una empresa en la que llevábamos ya varios años y en este momento está en la fase de estudios técnicos sistemáticos de todas sus obras en las colecciones del Prado, que es complementaria a la que se hizo antes del año 1992. Al calor del bicentenario está previsto que salga ese catálogo razonado de Velázquez y de pintores que están a su alrededor. Es uno de los que se están elaborando o se han ido elaborando, porque una de las tareas del museo es dar a conocer las colecciones a distintos niveles.

-¿Queda mucho trabajo de esa índole por hacer?

-Quedan muchos autores, es una tarea a largo plazo. Velázquez no lo tenía, pero el conocimiento de sus obras está bastante extendido. El museo compagina la elaboración de catálogos razonados de artistas más importantes con otros más extensos sobre la pintura de un determinado periodo, que abarcan varios miles de pinturas y que ponen al alcance de los investigadores un gran volumen de información.

-El Prado es bien conocido, apreciado y visitado. ¿A qué tiene que aspirar?

-A seguir interesando a la sociedad, a estar atentos a sus diferentes demandas. La sociedad es algo que va cambiado continuamente y el museo debe estar al tanto de las expectativas y actuar en consecuencia. Hay cosas obvias, como el desarrollo de las nuevas tecnologías, que ha invadido nuestro mundo personal, y necesariamente ha tenido que reflejarse en los museos y en concreto en el Prado.

-¿Esto de las nuevas tecnologías no es arma de doble filo? ¿Una pintura no hay que verla en vivo y no en una pantalla?

-Son dos cosas distintas. El museo tiene que ser consciente de cuál es su papel, pero eso no significa que no tenga que estar atento a cómo evoluciona la sociedad. En el Prado no se permite fotografiar, algo contrario de lo que ocurre en la mayoría de las instituciones equivalentes. Se ha vetado la fotografía entendiendo que perturba la relación directa del visitante con las obras.

-¿Qué va a significar la celebración del bicentenario?

-Con el bicentenario el museo se celebra a sí mismo. El Prado es una de las realidades más brillantes y, en cierto sentido, milagrosas de toda nuestra historia; el Prado somos nosotros mismos en cuanto colectivo. Desde su nacimiento ha tenido una vocación pública, de establecer contacto con la sociedad, y lo que se puede esperar de un bicentenario es que los instrumentos que propician ese contacto se multipliquen, que se haga más extensa la relación a través de iniciativas, exposiciones, envío de obras a otros lugares de la geografía y con la política de publicaciones. Lo que va a hacer es multiplicar las ocasiones de contacto.

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