Fernando Alba: «Mieres no sabía vivir sin compartir»

José María Navascués, Marola, Alejandro Mieres y Fernando Magdaleno; sentado, Nicanor Piñole. En el Sotanín, en 1969. / E. C.
José María Navascués, Marola, Alejandro Mieres y Fernando Magdaleno; sentado, Nicanor Piñole. En el Sotanín, en 1969. / E. C.

Mantuvo toda su vida el compromiso social, que se tradujo en la creación de varias asociaciones o el apoyo a jóvenes artistas

J. L. GONZÁLEZ GIJÓN.

Siendo aún un niño, al término de la guerra civil, Alejandro Mieres tuvo que huir junto a su familia de Palencia a Madrid «por si acaso». Dejó muchas cosas atrás, pero lo que se llevó consigo fueron las ideas políticas. «En mi casa siempre fuimos de izquierdas», recuerda su hija, Lourdes Mieres.

En tiempos difíciles y cuando llegó el momento de cambiarlos, el artista y maestro se mantuvo firme en sus convicciones. «Cuando se produjo el golpe de Tejero, él estaba en la lista de asturianos a eliminar», afirma su hija.

Conocedores de su simpatía por el PSOE, quisieron llevarle por el camino de la política activa, primero como senador de designación real, más tarde como aspirante a alcalde. Pero su actividad estaba en otras esferas. En la tertulia de El Sotanín dejó constancia de compromiso con las vanguardias de su tiempo. Junto a artistas como Juan Magdaleno, Marola o Nicanor Piñole, mantuvo durante años conversaciones en las que se daba forma al arte que vendría, que salía ya de sus manos y del que beberían después otros como Fernando Alba, que solo tiene palabras de elogio para Mieres. «Era un hombre que no sabía vivir sin compartir. Si no hubiera existido, no seríamos lo mismo. Dejó huella», sostiene el artista.

Su compromiso se extendió también a las condiciones de vida del creador. Impulsor de varias asociaciones, la última la de Artistas Visuales de Asturias, trabajó siempre por conseguir las mejores condiciones para el desarrollo de esta profesión. Reuniones interminables para definir un centro de arte moderno en la región, discusiones para lograr derechos laborales para los artistas. «No era una de esas personas que solo se encierran en el estudio para pintar. Estaba conectado con la sociedad, donde hay desigualdades y él trataba de paliarlas», explica Consuelo Vallina, actual presidenta de la asociación.

La educación y la ayuda a los jóvenes artistas fue también otro de sus caballos de batalla. Pionero en la formación académica de sus alumnos desde su puesto de profesor en el Instituto Jovellanos, Alejandro Mieres trabajaba para ampliar los horizontes de los jóvenes, abrir sus mentes. «El oficio se aprende solo. Él se dedicaba a fomentar la creatividad de los niños y eso en la Asturias de aquella época era muy difícil», recuerda Consuelo Vallina sobre un hombre que nunca le dio la espalda a su mundo.

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