«Me gusta el arte con infinitos niveles de significado»

Pablo Amargo. / PABLO LORENZANA
Pablo Amargo. / PABLO LORENZANA

El Premio Nacional de Ilustración ovetense expone en el Museo ABC sus gatos paradójicos junto a otros trabajos Pablo Amargo Ilustrador

M. F. ANTUÑA OVIEDO.

Es un buscador de imágenes impenitente; un tipo tranquilo que aspira a fundir en trazos simples humor y belleza, que dice mucho con muy poco. Pablo Amargo (Oviedo, 1971) tiene un currículo apabullante que incluye Premio Nacional de Ilustración y tiene entre sus clientes habituales a publicaciones como 'New Yorker'. El Museo ABC de Madrid muestra su trabajo hasta el 20 de mayo.

-Si le pregunto cuántos premios tiene. ¿Lo sabe?

-No. No voy a decir que no me importan, pero no voy contándolos. Me sirven por el trabajo, abren oportunidades a la hora de publicar y de que la gente aprecie lo que haces de otra manera.

-Pero siempre se agradecen.

-Vengo de muy lejos, he pasado por momentos buenos y malos. La valoración externa no me preocupa tanto; mi valoración interna es otra.

-¿Cuál?

-A mí me apetece encontrar alguna idea que merezca la pena. Yo publico muchas ilustraciones pero hay muchísimas más que no. Mi día a día es ir sacando imágenes.

-¿Cómo se hace esto? ¿Cómo contar tanto con tan poco?

-Insistiendo. Yo tengo una situación que favorece: no tengo otra responsabilidad, me dedico a esto desde que me levanto hasta que me acuesto. Estoy siempre rondando las imágenes y la insistencia hace que surja alguna. Pero no haces una imagen, haces muchas, surgen relaciones, lo importante es estar ahí, estar atento. Yo no trabajo lienzos, tamaños grandes, trabajo con lápiz, goma y cuadernos, fabricando ideas, proponiendo situaciones. Con que al final de la semana surjan tres, cuatro ideas valiosas ya me doy por satisfecho.

-¿Y cuántas no valiosas se van a la papelera?

-Uf. No acaban en la papelera, sino en la goma de borrar. Muchísimas. A lo largo del año yo haré más de 200 o 300 ideas, de las que se publicarán alrededor de 150, 200. Hay otras que quedan aparcadas. Intento no borrar una mala idea, intento que permanezca y que dentro de una semana, cambiando algo, añadiendo, de repente, florezca. Es un trabajo de hacer y revisar continuamente.

-¿Es libre completamente la creación?

-Cada ilustrador se lo plantea de manera diferente. Yo tardé en darme cuenta de que lo imporante no es el cliente ni el mercado ni yo mismo, son las imágenes, y después, de esas imágenes que surgen en libertad, voy viendo cuáles encajan en la portada de un libro, cuáles pueden funcionar con aquel cartel. No surgen de encargos o de algo que he leído.

-¿Pero siempre ha sido así?

-Cuando digo que vengo de lejos es porque he pasado por todas las etapas. Cuando no me ha gustado el proceso de algo que he experimentado, no insisto, lo rechazo. Yo nunca he dibujado la idea de otra persona. Es la línea que no quiero pasar.

-¿Es muy difícil hacerlo?

-Muchos ilustradores se dedican a eso, a dibujar al dictado, y es legítimo. Yo no trabajo en esos territorios, el mío es otro que tiene que ver con la ilustración de autor.

-¿Lo suyo es poesía visual?

-Hay quien lo llama así. No me he planteado si es poesía, haikus, narrativas, para mí una imagen tiene que tener dos caracteristas: una es la parte que tiene que ver con la belleza, la estética, y la otra es el humor. No hay más. Todo lo que tenga que ver con buscar la ironía, la metáfora, la poesía, son consecuencias de un proceso afortunado. Una imagen funciona porque trasluce un juego con el espectador.

-¿Y eso no es la poesía?

-Yo creo que cuando alguien busca la poesía, la poesía huye.

-Está en proceso de poda, de que sus ilustraciones tengan los menos elementos posibles.¿Menos es más?

-A veces menos es menos y más es más. Cuando alguien empieza a trabajar en temas creativos busca fórmulas y no las hay.

-Pero busca dejar las imágenes en elementos mínimos.

-Eso sí. Es una consecuencia. Lo va pidiendo la imagen y yo me pongo a su servicio.

-¿Tiene fronteras la imagen? Da la sensación de que las suyas se entienden igual aquí que en Japón.

-Yo creía eso hasta que vas a otro lugar del mundo y no. Hay imágenes mías que funcionan en EE UU, Francia, pero otras que no. Algunos elementos tienen una carga simbólica que no se entiende en todas partes o al menos no de la misma manera. Me gustaría que la imagen fuese lo más universal posible. Ahora bien, cuando una imagen es capaz de comunicar de maneras distintas según las culturas, funciona; cuando uno sale de ver una película y cada uno te cuenta una peli distinta, es que merece la pena. Me gusta el arte que tiene infinitos niveles de significado, dependiendo de la experiencia de cada uno.

-¿Trabaja más fuera de España que dentro?

-Ahora sí.

-¿Cuántos países?

-Pues no lo sé. Pero tampoco tantos. Lo que más agradezco de este trabajo, destinado a estar todo el día sentado, es que gracias a él he tenido oportunidad de conocer sobre todo ciudades.

-¿No le tienta irse fuera?

-Cuando todo apunta a que tienes que ir en una dirección, plantéatelo. Todo son dependiencias. Solo se puede trabajar de esta manera cuando no las hay. Puedes vivir en una comunidad como esta, con pocos gastos, poco equipaje en la mochila, te puedes permitir riesgos. Si viviese en Nueva York tendría que hacer concesiones. Es muy caro. Tendría que trabajar cinco veces más en cosas que no quiero trabajar. Yo rechazo muchas propuestas. Y quiero seguir así. No quiero sacrificar esa libertad por vivir en Nueva York o Londres.

-¿Ha llegado a dónde quería llegar?

-No.

-¿Y a dónde quiere llegar?

-A un trabajo con un nivel de riesgo mayor, más refinado.

-¿Como qué?

-Hace unos años me di cuenta de que los libros, que es lo que a mí más me interesa, estaban pidiendo un trabajo muy poco narrativo, que no contara una historia y que fuera en una dirección que tenga ver con el silencio interno. Creo que es posible y hay mucho que trabajar.

-¿Queda mucho por inventar?

-Cuando alguien dice que todo está inventado sospecho que quiere aprovecharse de lo que han inventado otros. Yo parto de que no todo está inventado. Probablemente, al final de mi carrera diré que sí, pero ahora no.

-¿Territorios por investigar?

-Me interesa la experiencia lectora, que es algo que no sabes lo que es pero sientes que estás elevado.

-¿Salud de la gráfica española?

-España tiene dos cosas: la muy buena es que hay mucha pasión, los diez últimos años han sido increíbles, y la mala es que también ha habido saturación. Ocurre que la pasión no es suficiente y el talento tampoco.

-¿El talento tampoco?

-No. He visto gente poco talentosa pero que a base de hambre y ambición han desarrollado lenguajes interesantes. Y viceversa.

-¿Importa más el esfuerzo que el talento?

-Importan más la insatisfacción y la ambición, el hambre de mejorar, de perfeccionar. Eso te va desarrollando unas habilidades que son suficientes. Esta profesión nunca te abandona, siempre está ahí, pero son los ilustradores lo que se cansan: de tener contrapartidas económicas pequeñas, tanto tiempo de trabajo, el poco reconocimiento, la enorme injerencia, lo frágil y frívolo que es este mundo. El ilustrador abandona la ilustración pero la ilustración nunca te abandona. Para mí uno de los mayores problemas es la frivolidad y las imágenes inánimes que está surgiendo de tanta visibilidad.

-'Mancha mínima, idea máxima' es el título de su exposición en Madrid.

-Esto surge del libro de los gatos, que obtuvo la medalla de oro de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York, y a partir de ahí el interés de hacer una exposición. Reúne 50 ilustraciones, sobre 80 del libro 'Cats are paradoxes', que no tiene ni texto ni principio ni fin. ABC se interesó por llevar otros proyectos y se incorporó 'Casualidad', libro muy vertical, y se añadieron vitrinas con otros trabajos al margen de los libros. El libro de gatos es el 60 o 70%, son todas ilustraciones cuadradas, en blanco y negro, juegan con el espectador, aparecen, desarecen, son paradojas. El gato es el anfitrión que te va llevando por los distintos escenarios y otras veces es protagonista. Aunque no cuente una historia, el espectador va participando de este juego que confunde la percepción de las cosas. Es dibujo puro. 'Casualidad' es lo contrario. Hay un texto y las imágenes dialogan con él.

-¿Después de Madrid?

-Irá a Valencia a una galería y estará mes y medio. Se quiere llevar a otros lugares. A Italia se van 20 imágenes a tamaño grande.

-¿Qué es lo próximo?

-A mí los libros me llevan tiempo. Intento sacar uno cada dos años o tres. Empecé hace poco el último. Me gusta la experiencia de entrar en un libro sin saber cuál va a ser el resultado. El libro hace cuatro días iba a ser cuadrado y ayer empezó a estirarse. No sé qué es, solo que es en blanco y negro.

-¿Por qué el blanco y negro siempre?

-No me quiero salir de ahí, el color no lo comprendo. El blanco y negro lo disfruto mucho, tiene un sentido casi espiritual.

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