«Me gustaría ir a Metrópoli, pero me coinciden mal las fechas»

Ángel de la Calle, en la plaza del Parchís.
Ángel de la Calle, en la plaza del Parchís. / PALOMA UCHA

El dibujante, que acaba de publicar 'Pinturas de guerra', cree que el Ayuntamiento debería evitar que se solapen las fechas de los festivales | Ángel de la Calle Director de contenidos de la Semana Negra

MIGUEL ROJO GIJÓN.

Ángel de la Calle (Molinillo de la Sierra, Salamanca, 1952) se baja del autobús en la plaza del Parchís con una mochila al hombro, «mi oficina portátil». Camina apresurado, como si aún llevase en las venas el ritmo que le impone cada año la Semana Negra que acaba de cerrar sus puertas y en la que él es el director de contenidos.

-Se acabó la edición 30. ¿Ya están dando forma a la 31?

-Y la 32, y la 33. Hay cosas que hay que preparar con tiempo. Tenemos que hacer compatibles los calendarios de los autores que nos interesan, y a veces eso no se consigue hasta que pasan hasta cuatro o cinco años.

-¿Hay algún autor que hayan querido traer y no hayan podido?

-Muchos. Algunos tienen cachés como las estrellas de cine. Por ejemplo, Don Winslow, que cobra un montón. Y otros que quizás consigamos que vengan el año que viene y de los que no diré nombres para no romper el encanto de la sorpresa. Otras veces los traemos cuando aún no son conocidos y después no podemos volver a traerlos. Pasó con George R. R. Martin, que estuvo tres veces en la Semana Negra. Cuando vino le comió la tostada Connie Willis... Con Markaris, por ejemplo, cuando llegó por primera vez a Gijón resulta que su libro estaba descatalogado, no se podía conseguir. Después ya se hizo una estrella.

-Es que 30 años dan para mucho...

-Si tiene un plus este festival es precisamente por su longevidad. Se crean lazos que te permiten traer a autores que, de otra forma, no vendrían a Asturias. Hay muchos que sienten fascinación por la Semana Negra, la tienen idealizada. Y hay otros que crecieron viniendo aquí y soñaban con estar en ella. Muchos lo lograron. Este año había finalistas de los premios que no habían nacido cuando se hizo la primera edición.

-Algunos hosteleros se quejan de que los festivales de este tipo les hacen perder dinero. Los hoteleros, sin embargo, dicen que notaron un 15% de aumento en las pernoctaciones durante el festival. ¿A quién cree usted?

-Lo de los hoteles es verdad. Además de todos los escritores, hay mucha gente que viene que no tenemos controlada. Una vez, en el Instituto Cervantes de Munich, hablando con su director de Cultura, que es catalán, mencioné la Semana Negra y me dijo que la conocía, que había ido varias veces. Y los de la biblioteca de Biarritz, que sabemos que vienen desde hace varios años, organizaron este año una exposición allí sobre la Semana. El cartel era una foto de cuando llegaba el tren negro el año pasado, en la que estaban todos los concejales y los políticos y apenas había escritores. Son cosas que te sorprenden. En cuanto a los hosteleros, a los que vienen a la Semana Negra les va bien, repiten cada año.

-¿Saben cuánta gente ha pasado por el festival esta edición?

-Es imposible saberlo. No hay tornos para contarlos y hay seis puertas abiertas. La gente pasa, entra, sale... Los datos que tenemos son que 12.000 personas vieron la exposición de cómic y que la carpa del Encuentro tuvo una media de 180 espectadores, con picos de hasta 350, por cada actividad. La pequeña, la de A Quemarropa, unas 100 personas de media.

-¿Ni siquiera una aproximación?

-Si cada gijonés fue tres veces, que hay muchos que lo hacen, y sumando la gente que viene de fuera podríamos hablar de 800.000 o 900.000 personas, pero estaríamos contando a quien pasa por allí, se da un paseo y ni compra ni consume nada. Pero bueno, pongamos que hubo 300.000. Con 100.000 euros de subvención, si entrar a otros festivales de este tipo puede costar tres euros, podemos decir que el Ayuntamiento pagó con esos 100.000 euros entradas para todos los gijoneses por valor de 900.000. Los taxis baten récords con la Semana Negra, los datos están ahí, y hay 300 familias que, con las atracciones y los mercadillos, cubren buena parte de sus ingresos del verano gracias a la Semana Negra. Creo que son muchos los beneficios para la ciudad.

-Les critican porque hay mucho mercadillo y poca cultura.

-Hay mucha gente que no va, hasta concejales, y luego dicen que no hay contenido cultural. No saben lo que hay. La Semana Negra es un festival blanco, para que vayan las familias. Es nuestro estilo, y es gratuito. Lo que permite que haya tanta asistencia a la parte cultural es que pase toda esa gente por allí. Y por eso hay autores que quieren venir, porque saben que les verá gente y que venderán libros. Y también porque vienen con sus familias, que no se aburren mientras ellos hablan de libros.

-También hay quien piensa que hay demasiado contenido político, y siempre hacia la izquierda.

-Ahí no puedo decir que no y quizás la percepción sea esa. Nuestro festival es crítico y subversivo y tiene un gran contenido social y de denuncia. La novela negra es la novela social del siglo XXI y la corrupción y la justicia son temas recurrentes. No hay muchos políticos, pero sí hay contenido político. Pero a la vez, cuando un festival es abierto, no hay problema ninguno. Todas las fuerzas del orden, incluidos Policía y Guardia Civil, presentaron en la Semana Negra sus revistas, sus actividades. Cuando Lorenzo Silva presenta aquí su libro de guardias civiles, parece una cosa de rojos. Si lo hace en una agrupación de veteranos del cuerpo, quizás te suene a todo lo contrario.

-Otra crítica. Les falta renovarse.

-Aunque se dice que si algo funciona es mejor no tocarlo, lo cierto es que sí nos renovamos. Los contenidos y los temas cambian constantemente, aunque un libro siempre será un libro y una exposición, una exposición. Para el año que viene queremos recuperar la tercera carpa de actividades, con especial atención para la literatura infantil y juvenil. También tenemos pensado poner en marcha la prisión de Alcatraz, que no es otra cosa que una zona de guardería con actividades y talleres para los niños, para que los padres puedan dejarles allí. Queremos conseguir nuevos lectores. Y espero que la situación financiera nos permita renovar decorados...

-¿Cómo andan de dinero?

-Espero que salga adelante el convenio con el Ayuntamiento y consigamos los 175.000 euros pendientes. Lo cierto es que se formó la tormenta perfecta. Perdimos 3 de cada 4 euros de subvenciones, y además en época de crisis. No había de dónde sacar. Aún así, tenemos una deuda de 200.000 euros, pero tenemos deudores. Nuestro plan de viabilidad nos dice que todo está controlado. Espero que la situación mejore este año.

-¿Les dará para arreglar el suelo y que no haya tanto polvo?

-Nosotros no podemos hacerlo, tendría que ser el Ayuntamiento. Intentaremos buscar alguna solución.

-¿Les fastidia que se solapen con otros festivales como Metrópoli?

-Creo que no es bueno para nadie, y es el Ayuntamiento el que tiene que ordenar eso. Salvo un año, llevamos 30 años con las mismas fechas. Y aunque creo que hay público para todo, hay problemas con los proveedores, con los bares que vienen, que tienen que dividirse o escoger... Hasta nos dijeron que había problemas para conseguir alquilar máquinas registradoras porque los proveedores locales no dan para tanto. Que esa semana venga el 'Despacito', que al final se quedó a media entrada... Creo que todo eso debe ordenarse, hacerse con cabeza. A nosotros, si nos cambian las fechas, nos hacen polvo, perderíamos a muchos autores.

-¿Ha ido a Metrópoli? ¿Le gusta?

-Me gustaría ir, sobre todo a la Comic Con, pero me coinciden mal las fechas. Fui al concierto de Calle 13 hace un par de años, pero este año no pude ir. ¿Cómo no me va a gustar, si lo hacen muchos amigos míos?

-No hemos hablando de su libro, de 'Pinturas de guerra'.

-Tengo presentaciones por Madrid, en La Coruña en agosto... Después iré a Italia, El Salvador, Colombia, Francia... Estoy muy contento con cómo van las cosas. Las críticas, sobre todo las de mis amigos, son bastante buenas... (ríe).

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