Los hijos de Alejandro Mieres planean crear una fundación «para proteger su legado»

Javier Fernández da el pésame a Rosa, Federico y Lourdes, tres de los siete hijos de Alejandro Mieres. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA
Javier Fernández da el pésame a Rosa, Federico y Lourdes, tres de los siete hijos de Alejandro Mieres. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA

La familia del pintor reclama «una gran exposición de su obra» mientras que decenas de personas pasan por su capilla ardiente

Azahara Villacorta
AZAHARA VILLACORTAGijón

Un poema reposaba ayer a los pies del féretro de Alejandro Mieres (Astudillo, 1927-Gijón, 2018) en la capilla ardiente instalada en la sala 3 del Tanatorio de Cabueñes, arropada por las obras de su hijo Federico, artista como él. Versos firmados por el poeta y amigo navarro Joseba Ayesa que resumían el sentimiento de las gentes que se acercaron a despedirse del «maestro de maestros», del «patriarca del arte asturiano», fallecido el martes en su ciudad adoptiva y tan querida a los noventa años tras una vida plena de creación y amor. «Eres único y eres grande», le decían. «Ahora has dado el salto al vacío de los espacios. Permanece en la eternidad y transmútate en la obra que donas a la humanidad», le deseaban.

Decenas de personas pasaron durante toda la jornada ante los restos mortales del creador, docente, activista solidario que llenó Gijón con su arte y tantas cosas más para agradecerle también «su compromiso social y político», como hizo el presidente del Principado, Javier Fernández.

El jefe del Ejecutivo autonómico fue uno de los que quisieron dar el pésame a su familia y lamentar públicamente la muerte de «una figura muy reconocida del arte contemporáneo asturiano, con una obra estudiada y valorada por los especialistas» que «está presente en los mejores museos de España y, por supuesto, en el nuestro, el Museo de Bellas Artes, donde hay una importante colección tanto de dibujos como de pintura». «Fue un honor cuando hace dos años lo distinguimos con la Medalla de Asturias. Y un honor que este palentino hubiese elegido Gijón, Asturias, para su hogar personal y artístico», aseguró Fernández.

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Alumnos del Instituto Jovellanos, discípulos, amigos, colegas de todas las disciplinas artísticas daban como él el último adiós a quien se va dejando tras de sí todo un universo artístico y humano de primer orden, siete hijos (Federico, Lourdes, Iskander, Rosa, Juan, Marina y Manolo), cuatro nietos (Álex, Iris, Helena y Diana) y dos bisnietos (Enol y Yoel). Una familia extensa que se plantea ya poner en marcha una fundación «para preservar el inmenso legado» de quien fue referente para varias generaciones de artistas.

Pero, entre tanto, volcarán sus esfuerzos en «intentar que se haga una gran exposición, porque hay buena parte de su obra, sobre todo de sus inicios, que se ha visto muy poco y que puede interesar, pero todo depende de la Consejería de Cultura o del Ayuntamiento de Gijón».

También otra de las hijas del pintor que siguió sus pasos por los caminos del arte, Lourdes, llamó a organizar esa muestra «a quien tenga el poder de ponerla en marcha» y recordó que la última, titulada 'Alejandro Mieres y los extremófilos', se clausuró el pasado 7 de enero en la Fundación Díaz Caneja de Palencia. «Creo que mi padre no ha sido lo suficientemente reconocido a pesar de que está al nivel de pintores españoles que todos conocemos».

Así que muchos de esos artistas 'extremófilos' -como Alejandro Mieres bautizó a un colectivo multidisciplinar en sus tertulias de los martes- acudieron a rendirle tributo. «Los extremófilos son gentes que sobreviven en circunstancias extremas», apuntó Nani Kulansky, quien definió a Mieres como «el maestro por antonomasia». Alguien que, además, «apostaba por los jóvenes, algo que no hace todo el mundo, lo que da idea de lo generoso que era». También a su «enorme generosidad» se refirió el poeta Fernando Menéndez, que destacó «su ironía y su lucidez». Su pasión primera: «Su vida era la pintura y su creación le ha acompañado hasta el final».

Dramaturgos como Eladio de Pablo, socialistas como Carmen Veiga, Mercedes Álvarez, Enrique Rodríguez Nuño o Arturo Pérez Collera, fotógrafos como Javier Canteli, gentes del mundo de la cultura como Pilar Lafita, José Antonio Samaniego o Lucía Peláez y artistas como José Paredes, Bonhome, Fernando Díaz, Ramón Fernández, José de la Riera, Maite Centol o Álvaro Noguera tuvieron palabras de afecto y admiración para quien -como recordó el poeta Francisco Álvarez Velasco-, «a pesar de ser un hombre de carácter, siempre tenía la sonrisa en la boca».

«Se va un personaje entrañable y magnífico», resumía Rafael Arroyo, también extremófilo. Porque hay mucho de superviviente en Mieres, defendía la historiadora del Arte y catedrática jubilada de la Universidad Julia Barroso, que destacó «su tesón y su capacidad para imprimir su sello personal», su propia voz. «Incluso en su vertiente política era muy poco ortodoxo y discutía con todos. Era muy firme para hacer las cosas tal y como las quería hacer». En suma, «un hombre íntegro y un rompedor al que hay que ubicar en la dureza de la España de la posguerra. Que llegó a Gijón desde Madrid en los sesenta, cuando en Asturias no había nada. Aquello fue un desafío y él lo afrontó como nadie».

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