Julio Magdalena, un pintor sin caducidad

De izquierda a derecha, Luis Rubio Bardón y Julio Magdalena. Detrás, las hijas del pintor, Carmen y Julia. / FOTOS: PALOMA UCHA

El Ateneo Jovellanos y el Aula de Cultura de EL COMERCIO inauguran un ciclo dedicado a creadores asturianos injustamente olvidados

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Ha cumplido ya los 90 años y un ictus sufrido hace seis años le mantiene en una silla de ruedas, pero Julio Magdalena Marina no quiso dejar de asistir al homenaje que ayer se le rindió en el Ateneo Jovellanos, inaugurando un nuevo ciclo que, con la colaboración del Aula de Cultura de EL COMERCIO, tiene como horizonte la puesta en su verdadero valor de «artistas de ayer que hoy han sido injustamente olvidados», en palabras del presentador del acto, Luis Rubio Bardón, vicepresidente del Ateneo Jovellanos.

Siguieron con emoción las palabras dedicadas a su padre, sus dos hijas, Julia y Carmen. Y un público que llenó el Ateneo. Explicó Rubio Bardón que Julio Magdalena ha sido «una notable figura de la pintura asturiana en la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Con él finaliza una época de la pintura gijonesa, un modo de vivir y pintar, iniciado con Evaristo Valle y seguido por Piñole, Marola, Moré y algunos otros».

También abordó el presentador aspectos biográficos de Magdalena, que ,«aunque nació en Villamayor (Piloña), se trasladó a Gijón muy joven. Así que creo que debemos considerarlo un artista gijonés».

Su primera exposición, colgada en la Sala Altamira, tiene la fecha de 1958. Aunque fue a finales de la década de los 70 cuando, abandonando otros quehaceres profesionales, decidió dedicarse en exclusiva a la pintura. De aquel tiempo, evocó Rubio Bardón que «se relacionaba con una generación de pintores muy activa, entre ellos Casimiro Baragaña, Inocencio Urbina, César Pola, Urbano Cortina, Enrique Villaverde, Fernando Magdaleno o Crespo Joglar, aparte de Marola, quien le pintó un magnífico retrato».

La evolución artística de Magdalena comprendería cuatro etapas: «Los paisajes romántico-impresionistas, las mascaradas, la fase onírica y, finalmente, la abstracción». No obstante, una característica de la obra de Julio Magdalena es que nunca ha puesto fecha a sus cuadros, que en el juicio de Rubio Bardón son «intemporales», sin caducidad.

Acerca de su última producción, la abstracta, consideró el presentador que es «un estallido de luz, los fuegos artificiales de San Lorenzo en la víspera de Begoña». Se mostró recientemente en una exposición del BBVA en Oviedo. Y de toda su trayectoria, sabiamente seleccionada, puede disfrutar el espectador estos días en el Ateneo Jovellanos. Al final del emotivo encuentro, la presidenta del Ateneo, Isabel Moro, le entregó a don Julio un diploma acreditativo de este día, sin duda, merecido.

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