María Peña Coto: «La belleza no tiene un canon universal»

María Peña Coto, ante una de sus obras. / ALEJO FERNÁNDEZ PÉREZ
María Peña Coto, ante una de sus obras. / ALEJO FERNÁNDEZ PÉREZ

La artista asturiana que expuso en Lorient busca un arte «más participativo», lo que dicho en otros términos quiere decir «desacralizado»

ALBERTO PIQUERO LORIENT.

Ha sido la ganadora del Premio Asturias Joven de Artes Plásticas 2017 del Principado de Asturias, motivo que ha favorecido su presencia en el Festival Intercéltico de Lorient, el cual tiende sus puentes a otras artes más allá del protagonismo de la gaita. Y en este caso al arte multidisciplinar de María Peña Coto (Oviedo, 1989), que en la exposición que en estas fechas ha mostrado en el Hotel Gabriel de la ciudad bretona, ha urdido una convivencia de la pintura con la escultura y la proyección videográfica donde explicaba el proceso creativo. Todo ello bajo un entendimiento del arte que resume así: «Es un medio de comunicación y una manera de generar preguntas». El promedio de personas interesadas que transitaron cada día por la sala rondaron las cuatrocientas visitas.

La performance tenía en la entrada una estrofa de Atahualpa Yupanqui que aclara contenidos: «Hay muchas personas que observan la Tierra y sólo ven tierra».

Las creaciones de la artista ovetense apuntan en la dirección de advertir cuánta vida y cuántas culturas diferentes se esconden a las miradas ciegas. María Peña refleja figuras, rostros humanos, junto al mundo animal y rascacielos urbanos que se soportan sobre cabezas de la gente desheredada por la sociedad occidental opulenta. Así, la mujer hatiana que aparece en una escultura y asimismo en un lienzo. «Carga con el peso de nuestro desarrollo», destaca.

Y es que a pesar de su juventud, posee una rica experiencia viajera por los meridianos del planeta más desfavorecidos. Ha recalado en Haití, pero también en Indonesia durante cuatro meses, en favelas de Sao Paulo o en China, ocasión que le permitió vivir una aventura artística muy singular, la de caminar a ciegas por la Muralla China, secundada por músicos locales que iban guiando sus pasos mediante un chelo y un violín. «Pensé que era una forma de establecer un paralelismo metafórico con las barreras de género, la Muralla China es la mayor barrera arquitectónica que se ha levantado y transmite una enorme fuerza social e histórica». De ese periplo por diversas culturas, ha extraído entre otras la convicción de que «la belleza no tiene un canon universal, sino que puede expresarse de formas plurales». Su horizonte, después de haber realizado exposiciones en Madrid, Nueva York, Viena, Pekín o ahora en Lorient, es el de que el arte sea cada vez «más participativo». O, dicho en otros términos, «desacralizar el arte».

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