«Hay quien a menudo tararea canciones, pero yo recito versos»

Breza Cecchini, autora de 'Por ventura un no sé qué'
Breza Cecchini, autora de 'Por ventura un no sé qué' / JOAQUIN PAÑEDA

La asturiana Breza Cecchini expone en el Barjola durante el mes de agosto su obra artística, influenciada por la poesía

ANA SOLÍS GIJÓN.

«Por toda la hermosura/ nunca yo me perderé,/ sino por un no sé qué/ que se alcanza por ventura». Estos versos, del poema 'Glosa a lo divino', escritos por San Juan de la Cruz son la fuente de inspiraron de la artista asturiana Breza Cecchini Ríu. Y 'Por ventura un no sé qué', el nombre que recibe la exposición que inauguró ayer el Museo Barjola de Gijón, elegido por ser un espacio «diferente, anómalo y algo caótico» y que estará abierta al público durante todo el mes de agosto. Un título muy acertado, ya que ni ella misma sabe cuál es ese «no se qué» que desde siempre la ha invitado a ejercitar su creatividad y recrear sus ideas sobre el lienzo. «Pinto, después ya leo lo que he hecho. Supongo que será cosa del subconsciente, del misticismo», afirmó, entre risas, refiriéndose a su trabajo.

Pero no solo San Juan de la Cruz. La poesía, en general, está muy ligada a la trayectoria de la pintora. A lo largo de la muestra, junto a los cuadros, se pueden leer pequeños fragmentos de otros autores como Robert Fulghum. «Hay gente que a menudo tararea alguna canción, yo siempre tengo en la mente poesía y recito versos». A lo que Natalia García, comisaria del museo y amiga, añadió: «En la obra de Breza, también destaca la conexión con lo divino, el oro, la plata y los animales como alter ego».

Desde la ferocidad y la agresividad del lobo, negro y oscuro, encarando con desgarro a la vida y al que «tardé en domar», explicó la autora, hasta los caballos, más serenos y calmados para su etapa de madurez, «ahora que, recientemente, he sido mamá». Una selección muy pensada de las obras que mejor podían definir su singular estilo pictórico entre las que hay grandes pinturas de estampas familiares, paisajes, bocetos a lápiz en tamaño folio e, incluso, utensilios de trabajo. Allí, en el ambiente de la tercera planta del Barjola, se palpa pues un cierto 'no sé qué' que cautivará, seducirá y, sobre todo, fascinará a todos los que acudan a visitar su exposición.

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