Mieres, «un jardinero loco» en el museo

La sala de exposiciones temporales se llenó para rendir homenaje a Mieres, entre las pinturas cedidas por su familia. /  DAMIÁN ARIENZA
La sala de exposiciones temporales se llenó para rendir homenaje a Mieres, entre las pinturas cedidas por su familia. / DAMIÁN ARIENZA

«Sus cuadros son recortes de un universo infinito», dijo su hijo Juan. «Era un hombre solo frente a un color solo» que quiso «construir un mundo nuevo» La Casa Natal de Jovellanos inaugura una exposición con la que Gijón homenajea al pintor recién fallecido

PACHÉ MERAYO GIJÓN.

Alejandro Mieres revive desde ayer en el Museo de Gijón Casa Natal de Jovellanos. Allí cuelgan sus personalísimas pinturas, parte propiedad de las colecciones municipales, parte cedida por la familia. Y allí, ayer, justo entre sus potentes colores, se le dedicaron bellas palabras. En verso le recordó su hijo Juan, para quien su padre fue «un jardinero loco que jugaba a ser Dios, como si pudiera construir un mundo nuevo». Sus cuadros, dijo, «son recortes de un universo infinito». Recortes de «un hombre solo frente a un color solo», cuya «principal materia fue la luz».

Juan Mieres abrochaba así el acto que sirvió para abrir la exposición que Lucía Peláez, directora del museo, definió como «un reecuentro con la figura y la obra del pintor». Pero antes habló la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, que recordó la trascendencia de la obra del pintor que se iba hace solo unos días, el 20 de febrero. Tras hacer recorrido por los hitos de su vida, subrayó la «implicación en la lucha por introducir los nuevos lenguajes contemporáneos» que protagonizó. Algo que fue, según ella, una de sus señas de identidad. Como lo fue su activa participación en todo lo que ocurría en esta tierra que «eligió hacer suya». Desgranó la alcaldesa, ante la mirada de los hijos de Mieres, su nieta y su biznieto, hechos importantes y obras destacadas del «maestro», que lo fue, «de varias generaciones de artistas», e hizo parada en el tiempo en que empezó a compartir morada con la que fue de Jovellanos. «En 1974, cuatro años después de ser inaugurado el museo, se compró su primera obra». En los años 1993 y 1994 se cerró la adquisición de otras tres piezas importantes, «a las que el creador, con su habitual generosidad, sumó dos más a modo de donación». Escuchaba atentamente la concejala Ana Monserrat López y también Pepa García Pardo, discípula y amiga de Mieres, que colocó su intervención lejos de los datos y cerca de los sentimientos.

Visiblemente emocionada recordó las anécdotas compartidas, con el pintor y los muchos talleres de arte a los que se prestó. Era «un sabio oriental siempre dispuesto a la sonrisa», decía después de recordarle arañando la arena de San Lorenzo con un bastón para hacer «una circunferencia perfecta». Allí también volverá ahora. El último día de marzo regresará Mieres a la playa. El museo ha preparado un taller familiar, que comenzará entre sus pinturas y culminará sobre la arena, donde el pintor se reencontró en cierto modo con otro jardín que trabajar y sobre el que podía, sin ninguna dificultad, reproducir los paisajes de su infancia y ante el que sonreía cuando se lo llevaba el mar.

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