Miró, en el Botín

Fátima Sánchez, Joan Punyet Miró, María José Salazar y Benjamil Weil en la presentación del Centro Botín.
/C. B.
Fátima Sánchez, Joan Punyet Miró, María José Salazar y Benjamil Weil en la presentación del Centro Botín. / C. B.

El Centro que guía el exdirector de Laboral Centro de Arte abre hoy una exposición dedicada a la faceta escultórica del creador catalán

PACHÉ MERAYO

No son sus trazos brillantes de colores intensos, retorcidos, ingenuos y maravillosos, sino sus volúmenes. Es el Miró escultor. El que convertía en obra de arte aquello que llegaba a sus bolsillos en mitad de un paseo, el que hacía de objetos de vertedero o de significado cotidiano un discurso de profundo significado. Ese es el Miró que está en el Centro Botín. El espectacular lugar que se asoma a la bahía de Santander y cuyos destinos guía Benjamil Weil, quien fue director de contenidos de Laboral Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón, abre hoy las puertas a una singularísima exposición en el que se ponen ante la mirada pública mas de un centenar de piezas del genio catalán que murió mallorquín (Barcelona, 1893-Palma, 1983).

El conjunto viaja desde el año 1928, al que pertenece la obra más antigua, al 1982, cuando el genio tenía ya 89 años y aún seguía trabajando. De hecho el Centro Botín presenta su gran cita bajo esas dos fechas. Lo hizo ayer, en un acto que fue presentado por el propio Weil y los comisarios de la cita, María José Salazar y Joan Punyet Miró, nieto del pintor y cabeza visible de la Sucessió Miró, además de por Fátima Sánchez, directora ejecutiva del centro cántabro.

Los cuatro hablaron de la trascendencia de la exposición y del enorme significado poético artístico de cada una de las piezas, entre las que se han seleccionado, junto a las esculturas (94, 18 de ellas de gran formato), una pequeña serie de dibujos, fotografías, vídeos y objetos diversos, así como un numeroso material inédito. Todo reunido ex profeso para este encuentro, que recupera la capacidad creadora de Miró, que aseguraba sentirse «atraído por una fuerza magnética hacia un objeto, sin premeditación alguna», luego «atraído por otro objeto que al verse ligado al primero produce un choque poético, pasando antes por ese flechazo plástico, físico, que hace que la poesía te conmueva realmente y sin el cual no sería eficaz».

Con 'Joan Miró. Esculturas 1928-1982', que así se titula la muestra, se «cambia la visión del Miró escultor», ya que, según los comisarios, «supondrá un antes y un después». Entre otras cosas, porque permitirá apreciar por primera vez el proceso creativo del artista, mostrando los materiales, las herramientas, los objetos que utilizaba en sus creaciones, así como el modo en que ejecutaba su trabajo y diseñaba los proyectos para monumentos; sus ideas plasmadas en bocetos y su selección de materiales, hasta la última transformación en la pieza buscada.

Para Miró «la libertad y la poesía fueron la esencia de todas sus creaciones», aseguró ayer María José Salazar, experta en la obra de Miró y miembro de la Comisisón Asesora de Artes Plásticas de la Fundación Botín, quien asume que esta máxima está detrás de todo lo que se puede contemplar ahora en Santander: «Una exposición «compleja y «única en sí misma». Y es que «llegar hasta aquí ha sido una larga travesía» para la que ha habido que contar con los numerosos propietarios de las obras, muchas de las cuales no se habían prestado nunca hasta ahora, y que posiblemente no se volverán a prestar. Provienen muchas de la colección privada de la familia Miró y de sus fundaciones de Barcelona y Mallorca, pero también de museos de Nueva York, de París, del Centro de Arte Reina Sofía, de la Fundación 'la Caixa' o del Gobierno de Baleares.

La muestra se completa con un libro incluye todas las obras en exposición, así como los objetos y materiales que componen o han servido para su creación.

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