Pasión poética del amor y del dolor

Rosario Pardo, junto al vestido azul que confecciona su personaje a lo largo de la obra, en el escenario del Jovellanos. /  PALOMA UCHA
Rosario Pardo, junto al vestido azul que confecciona su personaje a lo largo de la obra, en el escenario del Jovellanos. / PALOMA UCHA

La obra teatral escrita por Alberto Conejero e interpretada por Rosario Pardo se guía por las memorias de la viuda del autor de 'Perito en lunas' 'Los días de la nieve' llevaron al Jovellanos el recuerdo de Miguel Hernández

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Es posible e incluso probable que en un futuro remoto hasta las pirámides de Egipto se conviertan en arena, pero mientras llegan esas fechas oscuras, parece de justo y obligado cumplimiento rescatar la memoria de aquellos de nuestros antepasados que alumbraron caminos para quienes vinimos después a esas sendas. El año pasado se cumplieron setenta y cinco años de la muerte en una prisión franquista del inolvidable poeta oriolano Miguel Hernández y entre las evocaciones que suscitó el aniversario estuvo la puesta en pie de esta obra teatral, de texto eminentemene poético a la vez que popular, que ha escrito Alberto Conejero bajo el título de 'Los días de la nieve', alusión al largo invierno de la dictadura en España.

Los materiales de los que se ha servido el autor de la función corresponden a tres fuentes: las memorias de la viuda de Miguel Hernández, Josefina Manresa, fallecida en 1987; el epistolario que ambos mantuvieron mientras el poeta de Orihuela iba encadenando la sucesión de estancias carcelarias que acabarían con su vida en el Reformatorio para Adultos de Alicante, en 1942, y, claro está, la inspiración fecunda de la propia poesía que legó a la posteridad quien fuera 'perito en lunas' y 'rayo que no cesa'.

Sin embargo, para que esos versos rezumantes de amor y dolor, esa pasión lírica, no desapareciera en el sumidero de 'Los días de la nieve', fue imprescindible la perseverancia callada, la custodia difícil, la inquebrantable voluntad de conservar cada una de sus palabras que afrontó Josefina Manresa, humilde costurera rodeada por las tragedias, pues el primer hijo de su matrimonio con Miguel Hernández, Manuel Ramón, murió al poco tiempo de nacer, y el segundo, Manuel Miguel, también la precedió en el destino fatal de la muerte, en 1984, tres años antes de que ella desapareciera. Tampoco se omite, en términos literales, la herida provocada por los milicianos republicanos que mataron a su padre.

Bajo la dirección de Chema del Barco, la actriz Rosario Pardo, a la que quizá tenemos más asociada con la orilla de la comedia, logró elevar la silueta y el alma de esa mujer a la que no pudieron abatir ni la suma de desgracias que la acorralaron ni el viento gélido al que fue condenada durante décadas de régimen dictatorial. La intérprete perfiló su fragilidad y su fortaleza.

No es sencillo asumir algo más de una hora de monólogo, sin otro apoyo que el de la expresión verbal y gestual, para reconstruir una época (en la que la condición femenina era subalterna) y un personaje. Rosario Pardo, al pie de una escenografía sencilla firmada por Rosa Valiente -a imitación de un taller de costura-, fue hilvanando ese prodigio que alienta el género teatral, bordando la letra y el espíritu que se aspiraba a vivificar. El vuelo poético que está en la entraña de la obra, sin duda, contribuye de forma extraordinaria a favorecer el papel interpretativo.

Decía el Premio Nobel chileno Pablo Neruda que recordar a Miguel Hernández era un deber de España y un deber de amor. 'Los días de la nieve' cumple de modo impecable ese cometido, dando cuerpo al paso a la figura de una esposa sin la cual acaso no hubieran podido escucharse las estrofas a las que pusieron voz Serrat, Joan Báez, Paco Ibáñez o Cafrune.

El público, unas 450 personas, rubricó la función con una ovación capaz de derretir la nieve.

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