Pórtico total en el Bellas Artes para Aurelio Suárez

El público contempla obras y objetos que pertenecieron a Aurelio Suárez. / ALEX PIÑA
El público contempla obras y objetos que pertenecieron a Aurelio Suárez. / ALEX PIÑA

La pinacoteca asturiana inagura una sala dedicada al pintor gijonés

DIEGO MEDRANO GIJÓN.

El pintor Aurelio Suárez (Gijón, 1910-2003) fue muchas cosas: el surrealista sin descanso, el imaginista eléctrico, el recogedor de trastos inservibles por playas y acantilados, el poeta de lo mínimo; aquel creador que, a la manera de Whitman, contenía multitudes («Yo soy inmenso, contengo multitudes») y a veces tales salían al exterior en pleno fervor. El artista casi pop de vidrios, de plásticos, de ladrillos vidriados o azulejos, tinta china sobre papel, serpientes de hierro, piedras comunes serigrafiadas, cajas para lápices fabricadas a capricho, máscaras de corteza de coco o maderas de castaño y cera... Una naturaleza interior que parecía imponerse a todo formato externo con la fuerza de un ciclón, sin pausas, presurosa por dejar testimonio de una aventura insólita y poco sujeta a reglas o domas.

El Museo de Bellas Artes de Asturias inaugura, por espacio entre tres y cinco años, la sala 21 de tal institución, planta primera, «el primer gran reportaje sobre la obra del pintor asturiano con mayor vocación nacional e internacional del siglo XX», en palabras de su director, Alfonso Palacio. El pórtico de entrada total, con mucho de personal, a la obra del creador asturiano, a partir de la donación y depósito que en mayo de este mismo año hizo su familia. La silla de tres patas de madera de castaño con incisiones en hierro candente y cera frente a la que creció su hijo. El mayor cuadro pintado por Suárez (73 x 92 cm, 'Mundo oculto', 1946) que siempre presidió su estudio y regalo a su vástago, Gonzalo, al cumplir los dieciocho años. Azulejos, y otros objetos íntimos, donde se ve manuscrita su máxima poética personal: «Nada creo, de todo me río». Los guaches secretos donde se reproduce una y otra vez la frase de su propio crecimiento como artista: «Pintar no es copiar la naturaleza sino representar lo que imagina nuestro cerebro»; «Pinta lo que quieras y como quieras».

Creador hacia dentro, mundo difícil, el acto de ayer también sirvió para anunciar el catálogo razonado de todas sus obras para abril del próximo año, aunque el completo de la donación puede verse ya en la web: www.aureliosuarez.es. Llamó la atención de los asistentes 'Mundo oculto', el gran óleo presidencial, donde, en palabras de su hijo Gonzalo: «Puede verse la fisonomía de mi tío tan próxima a la de mi padre. La presente muestra es la máxima puesta a disposición del público del universo aureliano en su conjunto». Provoca, irónicamente, su escultura con cabezas de muñecas rota sobre botella de vidrio repleta de bolas de colores, sus documentos más privados, los objetos y elementos intervenidos artísticamente a lo largo de los años, libros que pretenden ser copias de los de Julio Verne, cuadernos de diario, iconografías obsesivas de un monstruario interminable. Respecto a sus trabajos más secretos de los años cuarenta Gonzalo Suárez marca la dirección a seguir: «No se pretende que la gente entre ellos sino que dé el primer paso para entenderlos». El viaje está garantizado, la línea de salida, dispuesta.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos