Rafa Sendín o el arte apropiado

Rafa Sendin con su escultura 'Pedestal', preparada para sostener «cualquier» obra de arte. / PALOMA UCHA
Rafa Sendin con su escultura 'Pedestal', preparada para sostener «cualquier» obra de arte. / PALOMA UCHA

El creador salmantino ocupa el Barjola con 'Yoes', una exposición que bebe de la herencia de otros e ironiza sobre todo

PACHÉ MERAYO GIJÓN.

«La obra de arte es un chiste», dice Rafa Sendín, tras explicar que la pieza sonora que habla sin parar bajo una de las hornacinas de la capilla de la Trinidad del Barjola es una secuencia cómica en la que él mismo se ha grabado contando un chiste. Relata ésto el creador salmantino, que ayer abría exposición en el museo gijonés, asumiendo que todo lo que hace, todo lo que crea, tiene mucho de ironía ante el mundo, la vida y el propio ejercicio de la creación. Mucho también de apropiación de la herencia de otros artistas. Con ellos compone sus muchos 'Yoes'. Así titula la cita, convencido de que «no hay otra manera de reflexionar sobre la plástica que acudiendo a lo ya conocido, a la historia que fueron escribiendo otros, antes y ahora». Y sobre esa certeza va dejando su propia huella, sumando aquellas ajenas que le influyeron, unas veces de manera muy evidente, otras, mínima. Es el caso de 'El proceso', que toma de Kafka título y espíritu, pero a la hora de la verdad lo que se pone ante la mirada es una serie de requerimientos de la Agencia Tributaria encuadernados en tres volúmenes, que resumen seis años de su vida, desde 2011 a 2017. Frente a ese proceso kafkiano, su propia lápida. Una plancha de granito negro colocada en el epicentro de la capilla, que pesa lo mismo que él y da sus datos físicos e identitarios grabados con cincel. Se deja abrazar la 'Lápida', que así se titula, por el 'Chiste', 'El proceso' y también por un pedestal gigante que «espera cualquier obra de arte, ya sea animal o vegetal, ya sea una situación o contexto», explica el artista.

Todo es susceptible de ser arte», insiste. Frente a ese tótem, otra obra. Una instalación titulada 'Laceré anonyme- inconsciente collectif', que reúne una serie de pinturas de 36 artistas asturianos, presentados a modo de collages que son demostración palpable de la filosofía apropiativa de toda la serie. Y para cerrar su presencia en la capilla, la evidencia de una performance. Una fotografía del propio Sendín y una grabación en la que se le ve rapándose el pelo y tatuándose en la cabeza el título que llevaba el tristemente famoso tiburón de Damien Hirst. Con ella él mismo se convierte en obra de arte. Lo hace en otros lugares del museo. En la tercera planta, justo sobre la cúpula del templo, la grabación de otra performance. Él sacándose sangre y estampando con ella 46 papeles con los nombres de los artistas que le han dado materia, concepto y hecho reflexionar. «Algunos trabajan con el dolor y la propia sangre».

'Yoes' se cierra con tres obras más, que son las primeras con las que se encuentra el espectador. 'Cartela', que reproduce fotográficamente otra acción en la que Sendín dejó tres etiquetas informativas de otras tantas obras de arte, en el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía. «La cartela forma parte de la pieza», dice. 'Javier Uriarte', nueva grabación en la que el actor que le da nombre interpreta al creador salmantino respondiendo a una entrevista, y 'Pintura II', una intervención en el espacio ejecutada por un invitado de la Escuela de Arte, Mario Mercurio, que se adentra como una línea roja perimetral en algunos de los espacios no públicos del museo, aportando de regalo un nuevo misterio.

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