Retratos del siglo XIX para completar la fototeca

Retratos del siglo XIX para completar la fototeca

El profesor de la Universidad de Oviedo Javier González Santos adquiere dos ambrotipos para donarlos al Museo del Pueblo de Asturias

M. F. ANTUÑA

La cada vez más impresionante colección fotográfica del Museo del Pueblo de Asturias crece y, sobre todo, se completa. Gracias a la generosidad del profesor de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo Javier González Santos, el ambrotipo, uno de los primeros procedimientos fotográficos de la historia, se incorpora a los fondos. La generosidad es además mayúscula, pues los dos ambrotipos que obran ya en poder de la institución cultural gijonesa fueron adquiridos con el único fin de donarlos. Esas dos piezas, las primeras y únicas hasta la fecha de ambrotipos, proceden de Oviedo y pertenecieron a una familia de un emigrante gijonés que estuvo en Cuba y México. Uno de ellos es un retrato individual, que presenta un relieve que recuerda a las fotografías estereoscópicas, y el otro es un grupo familiar con tres personas. Los dos fueron hechos en México en torno a 1860 y se encuentran en muy buen estado de conservación. Sus medidas son 12 x 9,50 centímetros y cuentan con su estuche. No son muy conocidos los ambrotipos, puesto que tuvieron un breve tiempo de gloria. Antes del ambrotipo se inventó el daguerrotipo, que Louis Daguerre presentó en París en 1839. Aquí las imágenes se fijan en una placa de cobre cubierta con baño de plata. Muy sensibles al contacto con el aire, en la fototeca del Pueblo de Asturias se conservan cuatro procedentes de Castropol y hechos en Cuba.

Los daguerrotipos se guardan en unos estuches de madera y cuero protegidos con un cristal y una tapa y los ambrotipos que llegaron después, también. Se inventaron en EE UU en el año 1851 y tres años después James Ambrosse Cutting, su creador, los patentó. Se emplea para hacerlos la técnica del colodión húmedo, que permite que se fije en una placa de cristal una imagen en negativo que, cubierta con laca negra por la parte posterior, dará como resultado un positivo. Ofrecían una gran calidad fotográfica y, como los daguerrotipos, eran fotografías únicas. La mayor parte de los ambrotipos eran retratos, que exigían un pequeño esfuezo de los retratados, pues para captar sus imágenes debían posar completamente inmóviles durante un largo tiempo. En EE UU se convirtió en la forma más popular de retratarse entre 1855 y 1860. Pero lo cierto es que poca vigencia tuvo esta técnica, pues los avances de la época dieron a luz a los negativos en placa de cristal, que permitían hacer muchos positivos en papel a precios más económicos que los procedimientos fotográficos anteriores.

Con la incorporación de estos dos ambrotipos, la colección del espacio se enriquece de forma notable. El Museo del Pueblo de Asturias celebra este año su 50 aniversario, pero la fototeca cumplió en 2017 sus primeros 25. En 1992 contaba con apenas 22 imágenes y ahora sobrepasan con creces el millón cien mil, de todas las épocas y en diversas técnicas. Además de los procedimientos pioneros, se conservan negativos, positivos y diapositivas llegados de diferentes puntos de Asturias y también allende los mares, pues la emigración a América ha propiciado colecciones fotográficas sobresalientes. Lo cierto es que a la política de adquisiciones del museo se ha sumado un creciente apoyo por parte de ciudadanos e instituciones, que contribuyen de forma activa al crecimiento de la colección a través de donaciones o depósitos. La última, la de González Santos. «Es un pequeño gesto, muy común en otros países y no tanto en España», apunta el historiador, a quien ofrecieron las dos piezas y decidió adquirirlas por su rareza y porque complementan la colección asturiana. «Conozco la fototeca y a su director, Juaco López, y la labor que está haciendo no hay palabras para describirla, es una de las mejores del país», concluye.

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