Valle comparte paredes con Matta, Saura y Rodolfo Pico

Obra de Roberto Matta, realizada en un viaje a Cuba en 1968./
Obra de Roberto Matta, realizada en un viaje a Cuba en 1968.

La reunión de talentos, que también suma los de Escobar y Posada, se inaugura el domingo en el museo del gijonés

P. MERAYO GIJÓN.

El Museo Evaristo Valle está este domingo de nuevo de estreno. Sus paredes se ponen de largo para recibir la obra de algunos de los mejores creadores del siglo XX, como el extraordinario Roberto Matta, considerado el último surrealista de la historia, cuya obra se coronó en 1992 con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, o la del genial Antonio Saura, uno de los grandes artistas españoles e internacionales de las últimas décadas y padre intelectual del grupo El Paso. Con ellos estarán los trazos del propio Evaristo Valle. También los del desaparecido Rodolfo Pico, así como los de José Luis Posada y Simón Escobar.

Los seis compondrán un tributo a Cuba. Esa isla que el pintor gijonés trasladó a su lienzo, tras el viaje que le llevó a sus playas en 1928, y del que nacieron «sus personales visiones de la isla». El extraordinario encuentro de talentos hablará, además, diferentes lenguajes. A las pinturas se unirán fotografías, grabados y dibujos, todos procedentes de los fondos del Museo de Valle, donde «configuran una «sugerente propuesta» de autores. Españoles, como el propio Valle, Saura, Posada o Pico. Cubano, como Escobar, y chileno, como Matta. Pero sea cual sea la procedencia, lo que les une en esta muestra es su estrecha relación con Cuba». De hecho Matta, Posada y Saura llegaron a trabajar juntos en La Habana realizando en 1968 una labor conjunta «destinada a ilustrar diferentes publicaciones cubanas». El caso de Posada es muy claro en lo que tiene que ver con Cuba. Allí murió y allí realizó su obra más valiosa. Pico, del que se acaba de cumplir un año de su muerte, es el caso más singular, ya que nunca viajó hasta sus playas, pero se veía vinculado a la isla caribeña que ocupó parte de sus pinturas, porque, como contaba, creció «escuchando las historias de sus antepasados y anhelando aquellos horizontes vitales».

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