Contra la violencia, la homofobia y el acoso

Las tablas del Teatro Jovellanos, con los diferentes actores de la Joven Compañía en escena. / JOAQUÍN PAÑEDA
Las tablas del Teatro Jovellanos, con los diferentes actores de la Joven Compañía en escena. / JOAQUÍN PAÑEDA

La Joven Compañía alzó en el Teatro Jovellanos las inquietudes de las nuevas generaciones con 'La edad de la ira'

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

La Joven Compañía, fundada en 2012 por David R. Peralto y José Luis Arellano, ganadora ya en 2014 del Premio El Ojo Crítico de Teatro, de Radio Nacional de España, ha venido a cubrir un espacio muy necesario no sólo en las tarimas escénicas, incorporando a jóvenes intérpretes, sino extendiendo también su acción a un proyecto pedagógico que se prolonga hacia el mundo estudiantil, procurando atraer nuevos espectadores. Obras como 'La edad de la ira', que ayer subió a las tablas del Teatro Jovellanos, dirigida por el propio José Luis Arellano, contribuyen a esos propósitos de forma admirable.

Con un texto adaptado por Fernando J. López, el mismo autor que fue finalista en el Premio Nadal poniendo a la novela idéntico título, 'La edad de la ira' otorga aquí un protagonismo absoluto a los adolescentes, lo que dando un giro a las líneas novelísticas que concedían presencia a los adultos, gana en frontalidad y, sin duda, atrapa a las nuevas generaciones que se ven reflejadas por un marco y unas emociones que pueden hacer suyas. Trepidante y atravesada mediante una intriga que mantiene en vilo, la historia conmociona desde el principio, al hilo del monólogo de Marcos (Álex Villazán), un chico homosexual de dieciséis años al que se acusa de parricidio, que confiesa los odios íntimos familiares en un entorno doméstico integrista. La trama, retrospectiva, fue desarrollando los motivos que condujeron a la trágica situación. Y, al tiempo, se desenvolvió un retrato juvenil que abordó algunas de las esquinas dolientes en las que se agolpan los signos de una sociedad sorda ante tales suplicios.

De la incomprensión de los progenitores a la frágil arquitectura de esos meridianos juveniles, con repudio de la violencia machista, la homofobia y los diversos acosos que acontecen en esas edades. 'La edad de la ira' es un grito de libertad, de búsqueda de la identidad, de llamada de atención frente a la indiferencia. Pero también hay una crítica justificada y severa a quienes les hemos precedido, acusados de evadirnos de la realidad en el refugio de pretéritas y supestas décadas gloriosas.

La escenografía de Silvia de Marta, montada sobre un cubículo rectangular en el que se proyectan imágenes significativas y complementarias, es otro de los hallazgos. También están muy bien elegidos los fragmentos musicales, apoyando momentos dramáticos, como por ejemplo el 'Adagio' de Albinoni. Las interpretaciones del joven elenco alcanzaron temperatura y temperamento profesionales, encabezadas por Álex Villazán, arropado por María Romero (Marta, ) y Javier Ariano (Raúl), triángulo principal; el resto de actores y actrices no solo enriquecen, sino que aportan un talento muy destacable. Es un debate antiguo el que se pregunta por la mejor manera de acercar nuevas levas al arte. La Joven Compañía posee la respuesta y la fórmula magistral, hablándoles en su lenguaje y acudiendo al encuentro de las inquietudes que les perturban. Sin empezar la casa cimientos arqueológicos, al estilo de los manuales anacrónicos.

El público del Jovellanos, mayoritariamente joven, así lo reconoció con una inmensa ovación.

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