«No aspiro al éxito, solo envidio el talento»

José Luis García Martín, rodeado de libros. / MARIO ROJAS
José Luis García Martín, rodeado de libros. / MARIO ROJAS

José Luis García Martín, poeta y crítico literario: «Hay pocos críticos, se ejerce más la cortesía literaria, sin leer los libros. Yo los leo siempre y por eso me odian tanto»

PABLO A. MARÍN ESTRADA OVIEDO.

Un libro nuevo. Así quiere José Luis García Martín (Aldeanueva del Camino, Caceres, 1950) que se lea la antología preparada por Marcos Tramón bajo el título 'Solo ida' (Impronta) y en la que se recuperan textos relegados en otros volúmenes suyos. En sus páginas está «de cuerpo entero» el poeta, crítico y colaborador de EL COMERCIO para gusto de sus lectores, esos «amigos desconocidos» para quienes afirma escribir.

-Este es un libro suyo, pero hecho por otro ...

-Así es, se trata de una antología hecha por un lector que no soy yo. Lo que está bien porque cada uno tiene sus manías y va dejando fuera poemas por razones no siempre literarias. Y tenemos que confiar en el juicio de los demás. A mí me gusta ver cuando los poemas no los controlo yo, sino otros lectores.

-¿Cuál fue su impresión al leerlo?

-Al revisar las pruebas me di cuenta de que no es solo una antología, sino un libro nuevo, y así me gustaría que lo vieran los lectores. Es un libro escrito a lo largo de cuarenta años. En él estoy yo de cuerpo entero. Es lo que procuro en cada libro para que quien lo lea no tenga que seguirlos todos: con uno le basta para saber si le interesa.

-Tramón reúne textos que usted no había vuelto a editar, según explica por no querer mostrar el corazón al desnudo.

-Y aclaro las razones por las que ahora acepto reeditarlos. En algunos poemas recuerdas la circunstancia que los motivó y te abochorna, estar enamorado es hacer el ridículo y cuando acaba el amor uno piensa: «¿Cómo fui tan estúpido?». La virtud que tienen los poemas de amor es esa de lo que tanto se burlaban de Lope de Vega: le hacía un soneto a una Juana, cambiaba de amante y se lo dedicaba a ella, de modo que no ponía nunca el nombre en la rima. Es lo que hacemos todos, porque los lectores no ven tu caso particular... La confesión que uno cree mostrar no queda en el poema si está bien hecho, ha transcendido el caso particular para hablar de un caso general.

-Y están además los juegos de máscaras, a los que es tan aficionado...

-Hay poemas escritos desde mi personaje poético, pero en otros hablan personajes con quien no me identifico. Son trampas para distinguir al lector de ley del que te elogia en vano o no se entera de nada. A veces, soy muy directo, pero no soy un poeta de Twitter al alcance de todas las fortunas intelectuales, hay que leer dos o tres veces. Apariencia transparente, pero con ciertas complejidades y alusiones para que no se desgaste en una primera lectura el poema.

-La extensión de su obra sugiere a un poeta fértil, ¿lo es?

-La poesía se hace poco a poco. Cuarenta y seis años dan para muchos poemas, pero en la realidad son pocos, entre libro y libro pasa tiempo. Yo siempre estoy con otras cosas, la poesía es la fiesta, la excepción. Lo que hago son cosas más laboriosas y que dependen menos del azar, temas de trabajo, y me divierten porque puedes ponerte fecha y plazo, pero eso en literatura es una pesadilla... Soy el único que conozco que se queja de que le sobra tiempo y le falta talento.

-¿La inspiración le pilla siempre trabajando?

-A veces tienes que escribir y no hay por qué hacerlo, tiene que surgir la idea, madurar, es como una semilla que cae y cuando estalla te pones a trabajar, no puedes hacerlo en cualquier momento, porque no hay materia. En mi caso, nada de lo que hago es mecánico.

-Su lema como crítico es: «Cuando escribo, no tengo amigos». ¿Cuándo publica, los tiene?, ¿teme sus juicios?

-De los amigos ya estoy curado de espanto. Publicas un libro y cuál es su reacción: «¿Otro?». Menos mal que hay lectores desconocidos, porque los libros se escriben no para los amigos que te conocen, y padecen, sino para amigos que no conoces ni vas a conocer nunca. Lo mismo que Galdós escribió para mí sin conocerme de nada o Cernuda.

-¿Y la valoración de sus colegas le preocupa?

-Soy crítico y conmigo los críticos, o porque me tienen miedo o por venganza, suelen hablar muy poco de mis libros. En realidad, hay pocos críticos. Lo que hay es cortesía literaria, ahora con los blogs mucho más. Y para ejercerla no es necesario leer el libro. Yo los leo siempre, por eso me odian tanto y por eso no estoy en la carrera 'cursus honorum'.

-¿Eso le ha perjudicado en el eco de su obra?

-Es lo que dice la gente, pero a mí no me perjudica nada. No me siento frustrado como poeta o que tenga poco eco. Me parece muy bien que García Montero ande por ahí de festival en festival; yo prefiero el descanso, no aspiro al éxito ni envidio nada. En otras palabras, soy muy envidioso. De otros poetas lo único que envidio es el talento. En cuanto a la vanidad, la mía ya está satisfecha. Soy tan vanidoso que solo me preocupa el elogio de la posteridad. Que no me elogien ahora no me preocupa nada.

-En su labor como crítico, ¿leer tanta poesía prescindible no acaba estragando las ganas de escribir?

-Es que tengo mucho cuidado, procuro no leer malos libros. Si no tengo más remedio, lo hojeo y lo tiro, no se me ocurre leerlo, eso es como comer tragando todo lo que te den, yo escojo . Y lo que leo habitualmente, mi cocido diario, son ensayos de historia o sobre escritores. A mí lo que más me gusta es la historia, la pequeña historia, la de la gente, no solo las grandes batallas de Napoleón. El paisaje es muy bonito, pero me interesa más la gente.

-Decía que solo le preocupaba el elogio de la posteridad. ¿Una antología como esta le tienta a especular cómo sería?

-Ya sabe que soy de esas frases. Pero es un prodigio ver ese atisbo de inmortalidad (entre comillas) en un poema que lleve escrito cuarenta años. La mayor parte de los poetas no pudieron ver eso. Garcilaso, Lorca, Cernuda no dispusieron de esa distancia que te permite ver lo que se sostiene y lo que no. Yo espero que se sostengan unos cuantos poemas, de momento se sostienen, aunque el tiempo es muy cruel y va convirtiendo en papel mojado la mayor parte de lo que uno escribe. Espero que algo se mantenga.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos