La calle de los libros

Por la izquierda, Carlos Gómez (La Manzorga), Estefanía Álvarez (4 letras), Oriol Díez (La Revoltosa) y Rafael Gutiérrez (La buena letra). / DAMIÁN ARIENZA
Por la izquierda, Carlos Gómez (La Manzorga), Estefanía Álvarez (4 letras), Oriol Díez (La Revoltosa) y Rafael Gutiérrez (La buena letra). / DAMIÁN ARIENZA

Ignacio del Valle recorre los puestos de la Semana Negra en busca de historias «que no se desvanezcan en el tiempo y que hablen a los lectores del futuro de lo que fuimos»

IGNACIO DEL VALLE

Hay una historia protagonizada por Segismundo de Luxemburgo, rey de Bohemia y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. En el concilio de Constanza (1414-1418), Segismundo se equivocó con la palabra schisma -cisma-. Lo corrigió con un latín preciso un obispo, pero al emperador no le debía gustar demasiado la crítica y le contestó en un latín chungo: «Ego sum rex romanorum et supra grammaticam», es decir, «Yo soy el rey de los romanos y estoy por encima de la gramática». Precisamente contra esto existen los festivales como la Semana Negra, y como parte de ese esfuerzo por luchar contra la burrería, busco como cada año recomendaciones que les puedan interesar. En La Buena Letra compro 'El Cártel', de Don Winslow, la continuación de la apabullante 'El Poder del Perro', que cuenta con crudeza las guerras del narco y que es, para mí, una de las novelas más memorables de los últimos lustros. Si continuamos en México y hablamos de violencia ritual, hay mucha en 'Otoño Azteca', que por dos euros pueden adquirir en La librería de bolsillo, también una secuela de la famosa 'Azteca', donde se narraba la conquista desde el punto de vista indígena. Resulta curioso que tanto en la narconovela como en la civilización mexica la querencia por cortar cabezas es una constante folklórica: todo tiene sus raíces antropológicas. ¿Qué buscamos en los libros? Quizás que nos hablen del amor sin sentimentalismo, historias que no se desvanezcan en el tiempo, como nosotros, y que hablen a los lectores del futuro de lo que fuimos, un puñado de sueños y emociones, como ellos mismos. Encontré por otra cantidad irrisoria un ensayo de Sergio Pitol, 'El tercer personaje', que nos habla de quienes pergeñan esas historias, ensayos sobre Monterroso, Carlos Fuentes, Chejov, Rufino Tamayo, Juan Soriano... Leemos algunas perlas, como cuando cita a Joseph Conrad: «Para que una novela sea a la vez una obra de arte, su autor debe saber que no podrá limitarse a un único sentido, y, por eso, no deberá tender a una conclusión definitiva... A medida que la historia se aproxime al arte adquirirá un amplio halo simbólico... Todas las grandes obras de arte han sido simbólicas, y de ese modo han ganado complejidad, poder, profundidad y belleza». ¿Qué opinaría de esto el gran Camilo José Cela?: otro de los hallazgos es un ensayo de Gustavo Guerrero sobre la historia del encargo 'La Catira' por parte del gobierno venezolano. Aquí se entrelaza la ambición oceánica del escritor, la pasta gansa, las ganas de promoción de dos dictaduras, la franquista y la de Marcos Pérez Jiménez... Una narración que bien podría llevarse al cine y ser también contada por Juan Pando, del que encontré en bolsillo 'Hollywood al desnudo', en el que destripa esa gran, hermosa y brillante mentira que es la meca del cine. Por cierto, ¿sabían que hubo grandes estrellas que le dieron a la pluma? Silvester Stallone, Kirk Douglas, Tony Curtis, Errol Flynn... todos ellos hicieron sus pinitos con novelas, libros de viajes, poesía, obras teatrales... Aunque uno de mis fragmentos preferidos del ensayo es cuando Bette Davis, en 1949, y ante un bache profesional, no duda en poner un anuncio en el 'New York Times', foto incluida, que rezaba: «Actriz divorciada, madre de tres hijos, con treinta años de experiencia en el cine, aún en activo y más amable de lo que se rumorea, solicita empleo estable en Hollywood. Referencia: Bette Davis». Gracias a su descaro le ofrecieron el papel principal de 'Eva al desnudo'. Libros, libros y más libros, transmiten fuerza y arrebatamiento, y como dice Norman Manea en su 'El regreso del húligan', el descubrimiento de la identidad es solo el principio, aunque sea una cosa complicada en un mundo de espejos cambiantes: encontré un ejemplar de la novela lleno deportaciones y exilios, pero también de belleza y entusiasmo. Yo no comparto la tesis de Sócrates de que el arte te posee como un daimón y hace borrón y cuenta nueva de tu racionalidad, porque precisamente es la lógica la que da forma al arte, pero sí comparto que a intervalos te inunda una emoción estética, un bienestar que es único. Si a eso lo podemos llamar daimón, pues admitimos pulpo como animal de compañía. Vengan a la Semana Negra y agarren cualquiera de los múltiples tentáculos con que se les ofrece la experiencia. También se lo pueden comer, no pasa nada, a feira, con cachelos, con vinagreta...

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