Camín, en casa, con intimidad y rigor

A la izquierda, una fotografía de Camín, y a la derecha, el retrato de Valle, en la sala dedicada a su obra. / PALOMA UCHA
A la izquierda, una fotografía de Camín, y a la derecha, el retrato de Valle, en la sala dedicada a su obra. / PALOMA UCHA

El Museo Evaristo Valle inaugura una exposición que le rinde tributo en el décimo aniversario de su muerte | La viuda y una de las hijas del gran creador gijonés estuvieron arropadas en la inauguración por un buen número de artistas

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Reunión de artistas en el Evaristo Valle para rendir tributo a Joaquín Rubio Camín en el décimo aniversario de su muerte. Se inauguraba exposición, con sabor íntimo, como lo era también la relación del polifacético creador con el museo de Somió, y fueron muchos los que quisieron estar allí para recordar la inmensidad del artista infinito que domesticó el espacio para hacerlo escultura, que dibujó, pintó, diseñó y fue un maestro con la cámara de fotos. De modo que no hubo ciclogésis capaz de detener el amor al arte y a la inauguración se acercaron artistas como Melquiades Álvarez, Josefina Junco, Guillermo Simón y galeristas como Amador Fernández o Aurora Vigil-Escalera, entre otros.

Se llenó el museo, y el pequeño espacio en la que se muestran buena parte de las obras que el Evaristo Valle ha sacado de entre sus fondos para rendir tributo a Camín fue recibiendo las visitas muy poquito a poco. En la sala superior del edificio noble están el retrato inacabado de Valle, los dibujos de Valle yacente, también una serie de pequeñas esculturas de acero, el retrato que le hizo a María Rodríguez del Valle... Como explicaría después Francisco Zapico, la muestra no trata de ser una retrospectiva que ponga ante los ojos del neófito la gran figura de Camín, sino que se aborda con la intimidad y el rigor como bandera. De esta forma, se aportan piezas curiosas, con un marcado cariz personal, pero al mismo tiempo se permite el disfrute de auténticas obras maestras.

Esa intimidad se advierte también en el caliz, patena y cucharilla de plata y oro diseñado por Camín para su hermano Félix, sacerdote en México; en la medalla creada para la primera comunión de su hija Mónica, en la que diseñó para la apertura en 1983 del museo, y también en las maquetas de taller que Camín realizó para los cerramientos exteriores de la zona moderna del museo.

Entre quienes ayer miraron y admiraron las distintas vertientes del genio creativo nacido en Gijón en 1929 y fallecido un 28 de diciembre de 2007, su hija Mónica. Y también el benjamín de la familia, Max, un bebé que aún ignora quién fue su bisabuelo. Carmen Díaz, su viuda, igualmente quiso estar allí para ser testigo del homenaje.

Además de las piezas que se muestran en la pequeña sala, hay dos esculturas más en el interior del museo -una de acero cortén y otra de madera, 'La manaña'- y a ellas se suman las que adornan los impresionantes jardines de la finca la Redonda. La lluvia no permitió ayer disfrutarlas como se merecen.

'Camín 10 en la colección del museo' se podrá visitar hasta el 20 de enero.

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