«Censurar es reducir la capacidad de entender las cosas»

Federico Volpini, en el Teatro Filarmónica de Oviedo. / A. PIÑA
Federico Volpini, en el Teatro Filarmónica de Oviedo. / A. PIÑA

Estrena el sábado en el SACO un audiodrama dedicado a Alfred Hitchcock con música en directo y referencias a sus grandes clásicos Federico Volpini Radiofonista

M. F. ANTUÑA OVIEDO.

Lo suyo es puro amor a la palabra, hablada y escrita, ungida de su inapelable fuerza para sugerir, para ver, para mirar a un sinfín de mundos por descubrir. Federico Volpini (1952), escritor, guionista y radiofonista que llegó a dirigir las ondas de Radio 3, participa estos días en el Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO) para presentar el audiodrama 'Hombre gordo con saco' (sábado, Colegio de Abogados, 13 horas) .

-¿En qué consiste su audiodrama?

-Es un homenaje a Hitchcock, seis piezas, cuatro de corte humorístico y dos más policiaco. Trataremos de 'Psicosis', 'Los pájaros', 'Con la muerte en los talones', con música en directo. Vamos a hacer radioteatro en vivo y frente al público. Hitchcock es de esas personas curiosas que entiende que aquello que no se ve es más poderoso que lo que se ve, que mostrar lo que no se muestra es lo que permanece en la memoria. Y eso es el audioteatro, el radioteatro.

«El problema de la educación en España es que no tiene la voluntad de seducir»

-¿Cómo se logra esa magia?

-Es fácil, en cuanto el oyente presta atención y entra en la propuesta, ya está. El audiodrama tiene el aliciente de conseguir que la palabra sea más poderosa que la imagen.

-Dígale eso a un chico de 16 años...

-Daría un argumento poderoso: una imagen vale más que mil palabras y una palabra genera mil imágenes. Si te dicen nieve, te abren todo un universo; si te dicen pánico, ídem. Yo he estado dando clases en la Universidad 20 años, y he trabajado mucho con adolescentes y niños, y no se lo creen hasta que lo ven. Pero, eso sí, tienes que darles la oportunidad de que lo vean la primera vez. Es muy difícil que los alumnos quieran hacer algo a lo que no se les oblige, esto es una cosa muy boba, pero ocurre. En algunas universidades que he ido, iban a la clase de audiodrama porque tenían que hacerlo, pero resulta que una actividad que estaba programada para una hora se prolongaba durante tres. Esa es la barbaridad, que son cosas muy bonitas, pero si no se conocen ¿cómo van a gustar?

-¿Sabemos escuchar?

-Vuelvo a decir: el problema es que no queremos entrar en esa propuesta, es que la gente joven no está acostumbrada ni a la palabra escrita ni a la hablada, solo está acostumbrado a la imagen. Pero cuando lo prueban... Yo he dado clases a 20 promociones y sigo teniendo relación con personas de las primeras. El problema de la educación en nuestro país es que no tiene la voluntad de seducir y eso es algo que me preocupa. Si vas pensando que algo no se puede hacer, no se puede hacer.

-¿Y qué hacemos?

-Hay que seducir. Somos muchos los que estamos fascinados por el poder de la palabra, porque hay algo evidente: pensamos con palabras, cada palabra que aprendemos abre un universo, la que no conocemos, nos cierra un universo. A aquellas personas que entendemos que eso no es solo hermoso y necesario sino también muy divertido, la Administración debería hacernos ir por los colegios, para llevar al niño, al adolescente, al estudiante a un lugar donde no pueda escapar. A partir de ahí ya está hecho. La experiencia es invariablemente buena. La palabra es mágica, lo es en su concepto y hasta en el sonido.

-Pero incluso los medios que se sirven de la palabra, como la radio, hacen poco uso del formato.

-Efectivamente, todo lo contrario. Hace poco me pidieron un artículo sobre el radioteatro, que está en un buen momento porque se ha puesto de moda en EE UU y ahora Julia Roberts está haciendo un serial en podcast. Me preguntaban por las razones por las que desapareció, y fue por desidia, por desconocimiento. Cuando en el ochenta y poco desapareció se alegó que era caro y no es cierto. Lo que ocurre es que la radio no se arriesga a experimentar. Algunos han pensando que el oyente es tonto y, para nada, no es verdad. La palabra es muy poderosa, pero hay que conocerla. Claro que si yo soy tu jefe y no quiero problemas, te quito palabras. Y hemos llegado a un punto en el que la radio en España ha renunciado a su función social, a su función cultural, y no tenía por qué. La buena cultura es muy fácil de entender.

-¿Nos están quitando la palabra?

-Absolutamente. Mi compromiso personal con el feminismo es absoluto desde hace muchísimos años, pero lo que intentan hacer determinadas intancias ahora de reducir es malo para todos. Soy profundamente ateo, pero claro que hay que leer la Biblia. Cuando abres un libro has abierto una mina de placer para todo tu vida, se ha acabado el aburrimiento.

-¿Se acabarán censurando libros por machistas u otras razones?

-Ya se ha hecho. Los cuentos infantiles que yo oí de niño son terribles, crueles, pero te abren a la experiencia de la vida. Todo lo que sea censurar es reducir la capacidad para entender las cosas y enfrentarte a lo que sea. Creo que estamos en un momento de 'vamos a controlar todo lo que hagamos para no tener problemas' y la mejor manera es empezar por que el jefe sea tonto porque así se va extendiende la tontuna.

-¿Nos salvará la palabra?

-Sí. Hay esperanza para el hombre blanco, gris, negro y verde.

-¿Incluso en los tiempos de Putin y Trump?

-Igual es el sarampión que hay que pasar para curarse. La historia es muy larga.

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