Más de cinco minutos de aplausos para Gustav Mahler

Pablo González, al frente de la OSPA. / E. C.

La voluntad y el buen hacer de Pablo González en una versión para el recuerdo

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

No fueron dos orquestas que se refuerzan o complementan mutuamente, sino una sólida y única unidad sonora en la variedad musical. Ayer, en el Auditorio Príncipe Felipe, la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Oviedo Filarmonía (OFIL) y el Coro de la Fundación Princesa de Asturias, bajo la dirección de Pablo González, recrearon al Mahler transcendental, contradictorio y poético de su Segunda Sinfonía, 'Resurrección'. Una sinfonía idónea para esta fusión orquestal por dos razones.

La primera, por la riqueza y amplitud de medios sonoros que requiere la obra, solamente superada en Mahler por la 'Octava Sinfonía' o 'Sinfonía de los mil'. Reunir diez trompas, ocho trompetas, cuatro trombones, o cinco clarinetes, por citar algunos ejemplos, solamente está al alcance de muy pocas y muy grandes agrupaciones sinfónicas. Ayer, aunque sea efímeramente, hemos visto una en el Auditorio Príncipe Felipe, de Oviedo.

La segunda, por la belleza sobrecogedora de una música difícil de escuchar en directo. El público llenó prácticamente las dos salas del Auditorio Príncipe de Asturias y aplaudió de una manera cerrada y efusiva a todos los intérpretes y al director. La ovación duró más de cinco minutos. Todo ello, en una versión sin duda complejísima, porque había que fusionar dos orquestas muy diferentes, sobre todo en la cuerda, pero con una voluntad común. La voluntad y el buen hacer de Pablo González en una versión para el recuerdo.

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