El Comercio

«Me alegro de que el festival no haya desaparecido»

Aladino Cordero.
Aladino Cordero.
  • Aladino Cordero, exdirector del Festival de Cine de Gijón: «Areces me pidió que saliese a decir que el festival no tenía futuro y que lo mejor era no continuar con él, que se haría dentro de la Semana Negra»

Aladino Cordero (La Camocha, 1950) fue concejal socialista en la primera corporación democrática de Gijón y durante tres años, a mediados de los ochenta, dirigió el Festival Internacional de Cine de Gijón, que el sábado alza el telón. Mucho han cambiado las cosas desde entonces en el cine, en la televisión y en la vida.

–No se sabe nada de usted. En el Festival de Cine ni tienen su teléfono.

–Me tienen un poco abandonado. Los exdirectores no existimos.

–¿Se siente así?

–Ni me siento ni no me siento. Ni me acuerdo prácticamente. Me fui de Asturias en 1989. Son muchos años.

–¿Qué ha sido de su vida?

–Hace ya dos años que estoy jubilado. Cuando dejé Asturias me vine a Madrid. Allí no tenía ya campo ni posibilidades. Lo intenté por Madrid, estuve un tiempo trabajando en cine, televisión y luego ya entré en una empresa.

–O sea, que se fue porque quería seguir haciendo cine.

–Sí. En Asturias era muy difícil hacer nada. Hacia el 87, hablo de memoria, hice aquella serie que quedó inédita, creo que ni la han proyectado en la televisión de Asturias, eran diez capítulos de media hora.

–¿Una serie para televisión?

–Sí, fue una serie curiosa, participó mucha gente en plan desinteresado. Se llamaba ‘Tempestad en el muelle’. Había llegado a un acuerdo con la Productora del Principado, que entró a coproducir conmigo, pero no llegó nunca, que yo sepa, a proyectarse.

–¿Fue la primera serie televisiva que se hizo en Asturias?

–Sí. Fue una historia que monté yo. En Asturias lloramos mucho, y con razón muchas veces, pero yo no me conformo con llorar. Alquilé unos equipos, busqué no profesionales que participaran, y la hice. Había una retahíla de personajes de Gijón.

–¿Quiénes?

–Pachu Rimada, concejal de PP; Marcelo García y su mujer, Encarna; del PSOE, estaban Morala, Luis Redondo, que hacía de arzobispo del Natahayo. Era muy estrambótica. Yo era guionista, productor, director, decorador... Hacía un poquitín de todo.

–¿Y cuál era el argumento?

–Variado. Un hombre tenía un invento para trasladar energía cósmica y tenía un laboratorio secreto debajo del Mercado del Sur, al que llegaba una gente de Marsella que quería demolerlo. Esto coincidió con que estaba Bogart por Gijon... Hay una serie de avatares: Bogart conoce a un gaitero negro, y este gaitero empezó a practicar con un piano poco a poco y fue haciendo una composición a la que le puso de nombre ‘Asturias patria querida’. Al final se fueron de Gijón a París.

–Pues mire qué guapo sería estrenarla en el festival.

–Pues igual podía ser interesante. Podría ser bueno, el año que viene la serie cumpliría treinta años.

–¿Qué proyectos de cine hizo en Madrid?

–Estuve una temporada trabajando en películas de ayudante de producción y hasta de chófer. Estuve en una serie que hizo Jaime Chávarri, precisamente fue uno de los primeros papelillos de Penélope Cruz. Estaba de ayudante del ayudante del pinche de dirección. Luego hice vídeos industriales, para la UNED, educativos, un capítulo piloto para tratar de venderlo... Pero estaba complicado. Ya no tuve paciencia para seguir luchando. Encontré trabajo, me metí en una empresa que gestionaba cooperativas de viviendas y con eso fui tirando. Y ahora que estoy jubilado estoy retomando proyectos, preparando algunas cosas, a mi aire, tranquilamente.

–¿Qué quiere hacer?

–Contar las cosas que pasan por la calle, hacer de cronista. Y luego, si tengo humor, meterme en algo de más envergadura.

–¿Cómo surgió su amor al cine?

–Para la gente de mi edad era una de las pocas diversiones que podías tener en aquellos años.

–¿Y qué recuerdos tiene de su época como director del festival?

–Fue muy interesante, pero también frustrante.

–¿Por qué?

–Históricamente fue una lucha continua por salir adelante sin que el protagonismo fuese del cine, sino de los problemas que tenía para continuar, si iba o no a seguir existiendo.

–Pues un poco sigue igual.

–Siempre ha tenido esa mala suerte. A mí me propuso José Manuel Palacio como director. El festival estaba mal económicamente por todas partes. Primero tuve una dirección compartida con Victoria Fernández del 84 al 85, creo recordar, y luego estuve dos yo solo. Ya hace 30 años.

–¿Cómo fue aquello?

–Un poco frustrante al final. Fueron años de transición. Se planteó ir haciendo menos específico el festival en cuanto a lo infantil, darle un aire más abierto, con más protagonismo a la gente joven, pero era un festival en el que se creía muy poco en Gijón.

–Seguro que también vivió buenos momentos.

–Muy buenos. Logramos montar un equipo de gente muy buena y, pese a que era muy difícil con nuestro presupuesto, el primer año ya conseguimos que viniesen Richard Lester y Chistopher Lee. Se planteó que un grupo importante de gente del mundo del cine se reuniese en Gijón. Con esa historia estaba ilusionadísimo, pero, surgió la Semana Negra, y entonces a mí me llama el entonces alcalde, Tini Areces, y me plantea que no hay prespuesto para todo, y me dice que yo, como director, salga a decir que no tenía futuro, que lo mejor era no continuar con él y que se haría dentro de la Semana Negra. Dije que no, que el festival tenía futuro. Ahí empezaron las cosas a ponerse mal.

–¿Y entonces?

–Plantearon que el Ayuntamiento no tenía nada que ver con el festival. Nos dejaron allí, seguimos en las oficinas que nos aportaba la Caja de Ahorros, cortaron la luz, cortaron todo y dijeron que teníamos que desalojar. Y se montaron otro festival. Al final lo que hicimos fue demandar al Ayuntamiento. Ganamos en primera instancia y en el Supremo. Se demostró que era el dueño del festival.

–Y se fue y por lo que dice no ha querido saber más del festival.

–Nunca he sabido mucho. Sí me alegro de que no haya desaparecido.

–¿No sabe de las etapas de Plans, Cienfuegos, Carballo?

–Lo he ido siguiendo a través de la prensa. Sí que estuve el primer año del actual director, Nacho Carballo; me invitaron y fui. No me pareció bien que le quisieran hacer un boicot.