El Comercio
Eduardo de Armiñán vive en Madrid ajeno ya al cine.
Eduardo de Armiñán vive en Madrid ajeno ya al cine. / IÑAKI MARTÍNEZ

«Al cine le pasa lo que al mundo, se ha globalizado y ha perdido originalidad»

  • Guionista y mano derecha de su padre, Jaime de Armiñán, en su última película, el martes le acompañará en el Jovellanos para el reestreno que abrirá su ciclo en el Aula de Cultura de EL COMERCIO

  • Eduardo de Armiñán Santonja Cineasta

Con el peso de sus dos apellidos, el de un padre director de cine y una madre actriz y presentadora de televisión, siempre ha vivido detrás de las cámaras. El segundo hijo de Jaime de Armiñán y Elena Santonja ha aparcado ahora su dedicación al cine para involucrarse en su propia escuela infantil. Pero a Gijón lo traerá el martes su auténtica pasión, y su padre, porque con él presentará en el Teatro Jovellanos (20 horas) la película con la que el Aula de Cultura de EL COMERCIO abre el ciclo dedicado al cineasta, historia viva del cine español, en colaboración con la Fundación Municipal de Cultura.

'14, Fabian Road' es la última película de su padre, pero también la suya como guionista y ayudante de dirección. ¿Qué pasó, qué les hizo para dejar el cine a ambos?

Sí, fue la última de los dos, pero más bien por coincidencia. En su caso, en parte cuestión de edad, ya tenía 80 años, aunque hubiera seguido sin problema, y en el mío llegaron los niños y la educación se cruzó en el camino.

Pero es cierto que la película tuvo problemas. De hecho no llegó a estrenarse en salas comerciales.

Así fue. Tuvo muchísimos problemas: los productores se quedaron sin dinero para continuar y, al final, se terminó, pero no encontraron distribución. Sucedió con muchas otras películas del cine español: una verdadera lástima. Se estrenó en un cine en Málaga para ir a los Goya, en el propio Festival de Cine de Málaga y ya.

Y se llevó el premio al mejor guión.

Pues sí, pero ni con esas.

De modo que su proyección en el Jovellanos servirá para sacar una espina clavada.

Sin duda. Yo lo veo como un reestreno en toda regla. Mi padre sufrió mucho por esta película, siempre acosumbrado al éxito y a las buenas críticas. Para él fue un palo muy gordo.

¿Cómo fue aquel rodaje?

Precioso. Nos fuimos al hotel Rocamador, que era de Carlos Tristancho y Lucía Bosé, hija. Estuvimos quince días ensayando con Ana Torrent y Julieta Cardinalli antes de empezar a rodar, hablamos mucho de los personajes, de sus motivaciones... Disfrutamos tantísimo haciéndola a pesar de todo lo que pasó después...

¿Qué fue lo mejor?

La unión del equipo no se me olvidará nunca. «Papá, no te preocupes, si esta película ya está amortizada», le decía, pero él nada. Tiene muy marcado lo de venir de una familia de cómicos y siempre ha dicho que si una película no se ve, nada tiene sentido.

Una familia que es la suya, que además es hijo de Elena Santonja. En vez de biberón le dieron cámaras.

Sí, sí, siempre me recuerdo rodeado de gentes del mundo del cine. Cuando había alguna serie de mi padre en televisión se juntaban en casa un montón de amigos, venían todos los actores... Era una verdadera fiesta. Y luego ibamos a los rodajes, pero no a mi mirar, no, trabajábamos.

¿Sí? ¿Y cual fue su primer papel?

En 'Tres eran tres', con Antonio Ferrandis. Y también salgo en 'Mi querida señorita'. Una figuración nada más, eh, pero la tengo grabada.

Cuente, cuente.

Salía del bar José Luis López Váquez y me decía que me daba un duro si entraba a recoger un paquete que se había olvidado, y yo le tenía que mirar y entonces, la voz de Borau: «Eduardito, te he dicho que no hables con extraños». Y yo salía corriendo...

¿Ahí se quedó su carrera de actor?

Poco más. La verdad es que me daba vergüenza.

¿Siempre se ha encontrado más cómodo como guionista?

Sin duda, siempre fue lo que más me gustó, y yo creo que en el fondo a mi padre también. Cuando él se siente cómodo es escribiendo, sin depender de nadie.

¿Y cocinar, sabe cocinar usted que es hijo de la mujer que metió entre pucheros a media España?

Uy, sí, me encanta, y disfrutaba mucho cocinando con ella. A 'Con las manos en la masa' solo fui una vez. Nos invitó a mi hermano Álvaro y a mí al último programa. Muchísima gente la recuerda.

Y su bisabuela era nada menos que Carmen Cobeña.

De aquella eran María Guerrero y ella, y nadie más. Después mi abuela Carmen, su hija, se casó con mi abuelo Luis con 20 años. Entonces ella era «la dama joven más prometedora del teatro en España», pero se enamoró y la familia de él le puso como condición dejar el teatro.

Y su padre se tomo la revancha.

Algo así. Recuerdo que cuando se murió el abuelo Luis, que formaba con ella la pareja más bonita de la historia, ella empezó a enfadarse con eso y a reprochárselo, pero ya era mayor.

Pese a que ahora torea en otras plazas, usted ha hecho también mucha televisión, además de cine.

He hecho bastante tele, sí. Empecé con mi padre en el 84 con 'Cuentos imposibles', una preciosidad de serie. De ahí viene el primer Juncal.

¿Y usted era ayudante dirección?

Nooo, era el último mono. Meritorio, se llamaba, y sin cobrar un duro. En eso mi padre era inflexible. Luego llegaron 'Turno de oficio', 'Una gloria nacional', 'Juncal' ... Todas rodadas como películas. Y los últimos años ya seguí haciendo tele al uso.

Y llegó el auge de las series. ¿Qué le parece, lo ve positivo?

Muy positivo, por supuesto, nosotros, con Bambu Producciones, fuimos de los primeros en rodar en HD. Fue con 'Desaparecida'. Luego hicimos 'Guante blanco', 'Gran Reserva'... En los 90 y antes la televisión era despreciada por los actores y ahora están todos deseándola. Antes era impensable un Sacristán en una serie.

¿Existe aquí una industria del cine?

Muy en pañales. No hay industria porque no hay grandes productores con vocación que quieran hacer algo que no sea pasta.

Desde 1969, año de 'Carola de día, Carola de noche', la primera película de su padre, hemos avanzado, ¿no?

Hombre, hemos mejorado, pero aquellos años eran muy particulares. Aquel cine era totalmente español, con gente muy especial. Ahora al cine le sucede lo que le sucede al mundo, que todo está más globalizado y, por tanto, ha perdido originalidad.

¿Qué le parece si repasamos las películas que compondrán el ciclo dedicado a su padre en Gijón? Empezando por aquella 'Mi querida señorita' con su papel estelar.

(Risas) De 'Mi querida señorita' destacaría la valentía de hacerla en el 72, y tratar ese tema tan discreta y a la vez tan profundamente. Eso es lo que la hace tan maravillosa. La película fue a los Oscar, y mi padre siempre cuenta que en una comida con Billy Wilder, Frank Capra, George Cukor y gente así estaban todos fascinados con la película y con López Vazquez. Cukor le ofreció irse con él, pero José Luis, que no tenía ni idea de inglés, no se atrevió. Aquel año ganó 'Ese oscuro objeto del deseo', de Buñuel. Mi padre estaba contento: sabía que iba a ser así y fue a disfrutar.

¿Y 'El nido'?

Mira, ésta, que también fue a los Oscar, sí le costó un disgusto, porque se lo llevó una película rusa espantosa, 'Moscú no cree en lágrimas', por un tema político. Eso le sentó fatal, de hecho le puso la zancadilla al cónsul ruso, que casi cae al salir a recogerlo (risas). Competía también con Truffaut y Kurosawa, y si hubiera ganado cualquiera de ellos le habría parecido genial. 'El nido' es una maravilla, tan de mi padre, tan de relaciones extrañas y a la vez tan tierna...

¿'Mi general'?

'Mi general' es más un divertimento, pero vuelve a reflejar relaciones y situaciones extrañas, es muy entrañable. Además, mi padre escribió el guión a medias con Fernán Gómez, y fue la única vez que lo hicieron.

De 'Juncal' hemos hablado, pero es que fue más que una serie, fue un fenómeno que paralizó España.

Fue increíble. Paco (Rabal) se creía que era Juncal y recuerdo ir con él a los toros, y él no tenía ni idea de toros, y decía unas cosas... Ponía su voz y te podías morir... Anécdotas hay mil, una vez en Sevilla, después del final, el cirujano de la Maestranza, que interpretaba su papel, nos contaba que maldita la hora: «No puedo ni ir al mercado, todo el mundo me pone verde: '¿pero cómo se te ha muerto Juncal por una cornada de nada, con la de toreros que tú has salvao?'».

Volvamos a hoy. El IVA cultural baja y se mantiene el 21% para el cine.

Es un disparate que no tiene ningún sentido. No sé si es por venganza.

Montoro decía que el cine español es muy malo.

Sí, sí. A veces veo las cifras de lo que se lleva Hacienda comparado con las subvenciones y me pongo malo, porque además parece que solo recibe subvenciones el cine. De la la automoción nadie dice nada, y de los rescates a los bancos ni hablamos.

¿Cree en las cuotas?

Creo en todo lo que sea cuidar el cine español. Deberíamos mirar a Francia. Allí el cine francés es el primero en recaudación, y hay cuota.

Para finalizar, ¿qué supone para usted volver a ver '14, Fabian Road' con su padre y que sirva además para inaugurar un ciclo decicado a él?

Pues una gran ilusión, sobre todo por acompañarle, está realmente emocionado con ir a Gijón. Hace mucho que no recibe nada del cine y el cariño del público es tan importante...

El público le sigue queriendo.

Sí, siempre ha sido muy bien tratado, pero la memoria es débil y hay que comprender que la gente joven no ha visto sus películas, aunque le diré que cada vez que oyen mi nombre me siguen preguntando si tengo algo que ver con Jaime de Armiñán. Mi padre es y ha sido muy querido y lo ha disfrutado mucho. Siempre tenían ese pique en casa él y mi madre. Cuando se cabreaban se decían: «Anda, calla, que a ti que no te conoce nadie».

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate