«Colgar cartel en Gran Vía es algo indescriptible»

Julio de la Fuente, antes del estreno en Madrid./FOTOS: IÑAKI MARTÍNEZ
Julio de la Fuente, antes del estreno en Madrid. / FOTOS: IÑAKI MARTÍNEZ

El cineasta asturiano Julio de la Fuente presentó en «el corazón de los estrenos» 'El último invierno', su primer largometraje

PACHÉ MERAYO

Solo un mes atrás, 'El último invierno', de Julio de la Fuente mostraba su drama abrigado de thriller en el teatro de Laboral Ciudad de la Cultura. Allí, dice el cineasta asturiano, testó sus secuencias y comprobó «que había acertado». Gustó aquel día este largometraje, para él -premiado como cortometrajista dentro y fuera de España-, su ópera prima. Y de aquel primer examen, ahora la reválida definitiva. De la pantalla del viejo edificio de Gijón al centro mismo de la gravedad madrileña. «El corazón de los estrenos», decía ayer el propio De la Fuente a dos pasos de la fachada del Palacio de la Prensa, donde anoche, «por fin», cumplió «el mayor de los sueños», estrenar su película al lado de los grandes. «Colgar el cartel de 'El último invierno' en la Gran Vía es algo indescriptible», subrayaba pletórico, asegurando que para él, «un pequeño director de cine, esto es un grandísimo acontecimiento».

'El último invierno', rodada íntegramente en Asturias con «más del ochenta por ciento del talento humano de esta tierra, lanzó sus títulos de crédito y primeros planos a la céntrica pantalla capitalina a eso de las nueve de la noche, pero una hora antes las cámaras de los fotógrafos ya estaban situadas frente al umbral del palacio, porque a esa hora se esperaba a los primeros invitados, que tras el pase se fueron todos a una fiesta en el número seis de Plaza España. No faltaron «por supuesto», los intérpretes de la cinta, su protagonista Eduardo Castejón y el resto del reparto, Bárbara de Lema, Lola Baldrich, Ana María Vidal, Chanel Terrero, Míchel Tejerina, Eliana Sánchez y José Antonio Lobato. Pero también hubo otros rostros conocidos, como los de Gabino Diego y Máximo Valverde o el de la televisiva María Patiño. A todos saludó Julio de la Puente, quien cruzaba los dedos para que de este estreno su película salga con la distribución asegurada. «Los dueños del cine tienen su propia distribuidora y todavía hay mucho que hablar, pero, probablemente, sean ellos los que la muevan».

Mover es un verbo que ha empezado a conjugar con mucho tiento este director de Grado. «Es lo que ahora toca». Los festivales de España y de la América que habla español son su objetivo. Y tras él «tendremos que subtitular la película en italiano e inglés para acceder al resto de los certámenes». Es un trabajo arduo y no muy creativo, pero «no hay más remedio que hacerlo» si se quiere sacar adelante este primer largometraje, producido con todo el esfuerzo, que cuenta una historia de venganza, la de Andre Dolvonosov, un joven cuya infancia y adolescencia «fueron terribles, con un padre maltratador y una madre que padecía alzhéimer, que está al borde de un precipicio». Su pasado le convirtió en un sicario profesional que en un momento determinado empieza a tener conciencia, «justo cuando el amor se cruza en su camino».

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